Grecia llevaba tiempo rondándonos la cabeza y, casi sin darnos cuenta, acabamos montando un roadtrip por Grecia en 9 días, que terminó siendo uno de esos viajes que se quedan contigo. Atenas, el Peloponeso, Olimpia, Delfos y la impresionante Meteora, todo hilado entre templos milenarios, carreteras panorámicas brutales y tabernas donde se come demasiado bien. En este artículo te contamos nuestra ruta completa día a día, con lo que vimos, lo que repetiríamos y también lo que no, para que puedas organizar tu propio viaje por Grecia por libre y disfrutarlo tanto como nosotros. ¿Te vienes a vivir este PlanD por la cuna de la civilización?
Delfos, Grecia.
- 1. ✈️ ¿Por qué visitar Grecia?
- 2. 📆 ¿Cómo organizamos nuestra ruta por Grecia en 9 días?
- 3. 📸 Grecia en 9 días: nuestro itinerario
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- 3.1. 📍 Día 1: Llegada a Atenas, primer paseo por la cuna de la historia
- 3.2. 📍 Día 2: Visita a la Acrópolis de Atenas y centro
- 3.3. 📍 Día 3: Canal de Corinto, Micenas, Tirinto y llegada a Nauplia
- 3.4. 📍 Día 4: Cueva de Kapsia, la mágica Mistrá, Esparta y llegada a Olimpia
- 3.5. 📍 Día 5: Olimpia, la cuna del deporte, Lepanto, Galaxidi y llegada a Delfos
- 3.6. 📍 Día 6: Ossios Loukas, Delfos, Oráculo de Delfos y llegada a Meteora
- 3.7. 📍 Día 7: Visita a los monasterios de Meteora y Kalambaka
- 3.8. 📍 Día 8: Monasterio de San Esteban, Theopetra Cave, vuelta a Atenas
- 3.9. 📍 Día 9: Museo de la Acrópolis y vuelta a casa
- 4. ⭐ Consejos y recomendaciones para viajar a Grecia
- 5. 👍 Lo que más y menos nos ha gustado de Grecia
✈️ ¿Por qué visitar Grecia?
Grecia es uno de esos destinos que todos deberíamos visitar al menos una vez en la vida. Sabemos que es un poco cliché, pero es un viajazo que de verdad te deja con otro cuerpo. Es un país que no solo se recorre, sino que se vive, y te introduce de lleno a su historia, cultura, paisajes y gastronomía. Situada en el sureste de Europa y bañada por los mares Mediterráneo y Jónico, Grecia ofrece productos similares a los de países como España o Italia, pero también una gran influencia de países árabes como Turquía.
Viajar a Grecia es conocer de primera mano el origen del pensamiento moderno, descubrir monumentos de distintas épocas y culturas y saborear una gastronomía reconocida en todo el mundo. Para nosotros, además, era uno de esos viajes soñados, especialmente después de recorrer Egipto e Italia, ya que queríamos entender mejor la conexión y la fusión entre las civilizaciones griega y romana, tan presentes en lugares como Sicilia y el sur de Italia. Estas son algunas de las miles de razones por las que deberías ir pensando en viajar a Grecia:
- Cuna de la democracia y del pensamiento moderno. Grecia es el lugar donde nacieron la democracia, la filosofía y muchas de las ideas que han marcado la historia de la humanidad. Visitar Atenas y recorrer espacios como la Acrópolis, el Ágora o el Templo de Zeus Olímpico permite comprender la importancia de este país en el desarrollo de la sociedad occidental. No es solo un viaje cultural, es una lección de historia en primera persona.
- Una riqueza monumental única en el mundo. Uno de los grandes atractivos de viajar a Grecia es la enorme cantidad de monumentos y yacimientos arqueológicos repartidos por todo el país. Templos de la antigua Grecia, ruinas romanas, bizantinas y otomanas, cada parada muestra una etapa distinta de su pasado. de hecho, deberás hacer selección de cuáles visitar, o deberás estar allí un par de meses… Grecia es, literalmente, un museo al aire libre que ayuda a entender la evolución del Mediterráneo a lo largo de los siglos.
- Gastronomía griega: sencilla, auténtica y deliciosa. La gastronomía griega es otro de sus grandes puntos fuertes. Basada en productos frescos como el aceite de oliva, las verduras, el pescado y las carnes a la parrilla, cada plato refleja esa influencia mediterránea en el país. tendrás que probar clásicos como la moussaka, el souvlaki, la ensalada griega, quesos locales, yogur griego y dulces tradicionales con miel, comer bien en Grecia está prácticamente garantizado. Además, compartir mesa forma parte de su cultura y hospitalidad.
- Un viaje soñado y el contraste perfecto tras Egipto e Italia. Grecia era uno de nuestros grandes sueños viajeros y el destino perfecto para completar nuestro recorrido por el Mediterráneo tras visitar Egipto e Italia. Conocer de primera mano la herencia griega y romana nos ha permitido entender mejor su influencia mutua y cómo estas civilizaciones marcaron lugares como Sicilia o el sur italiano. Viajar a Grecia aporta contexto, contraste y una visión más completa de la historia antigua.
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📆 ¿Cómo organizamos nuestra ruta por Grecia en 9 días?
El viaje a Grecia surgió casi sin buscarlo. La madre de Aarón tenía que gastar varios días de vacaciones del trabajo y lanzó la propuesta: “¿y si nos vamos a Grecia?”. Aarón, claro, no supo —ni quiso— decir que no… (¿tú lo habrías hecho?). Y así, casi de un día para otro, nos pusimos manos a la obra a organizar una ruta por el país heleno.
Lo primero fue lo de siempre: cuadrar días en el trabajo y ver qué opciones de vuelos encajaban mejor. Una vez más, volamos con Iberia en un vuelo directo Madrid – Atenas. Por precio y horarios nos cuadraba un viaje de 9 días, así que no nos lo pensamos demasiado. Con los vuelos cerrados, empezamos con la parte que más nos gusta: estudiar el recorrido, repartir los días y ver cómo movernos por Grecia.
Teníamos claro que los primeros días en Atenas no necesitábamos coche. Desde el aeropuerto se puede llegar fácilmente al centro en metro, así que los dos primeros días los dedicaríamos a la capital sin preocuparnos por conducir. Después sí, alquilamos coche (esta vez nos salió sorprendentemente barato) para empezar nuestra ruta por la Grecia continental.
Con el transporte resuelto, tocaba organizar las noches en los alojamientos. La distribución quedó así: 2 noches en Atenas, 1 en Nauplia, 1 en Olimpia, 1 en Delfos, 2 en Meteora y 1 última noche de nuevo en Atenas antes de volver. La verdad es que, viéndolo ahora, no lo pudimos cuadrar mejor. Fue un recorrido muy equilibrado que nos permitió ver muchísimo sin sentir que íbamos corriendo.
Después llegó el momento de encajar las visitas. Aunque sobre la marcha hicimos algún pequeño cambio en el itinerario, en general lo llevábamos bastante bien organizado. Eso sí, algo que teníamos claro era reservar la Acrópolis con mucho, mucho tiempo de antelación, porque es una de las visitas más demandadas del país.
Viajamos además en temporada baja, y fue todo un acierto. Los hoteles eran más económicos, los restaurantes tenían sitio sin necesidad de reservar y muchos monumentos se podían visitar con mucha tranquilidad. En algunos lugares llegamos a estar prácticamente solos. Y de verdad, poder recorrer sitios como Olimpia o Meteora con ese silencio y esa calma alrededor es algo difícil de olvidar.
Fuimos apuntando todas las paradas, alojamientos y lugares importantes en nuestro mapa (que te dejamos justo debajo) para tenerlo todo bien organizado y a mano durante el viaje. Y con eso listo, ya solo quedaba lo mejor: subirse al avión y empezar a disfrutar de Grecia.
📸 Grecia en 9 días: nuestro itinerario
📍 Día 1: Llegada a Atenas, primer paseo por la cuna de la historia
Por fin había llegado el día. Nos íbamos a Grecia… y el cuerpo lo sabía. Tras unas 4 horas de vuelo desde Madrid, empezamos a ver desde la ventanilla las primeras islas griegas rodeadas de ese azul intenso tan característico. Ese momento en el que el avión empieza a descender y ya sientes que el viaje ha empezado de verdad ¡y los nervios!
Recogimos las maletas y pusimos rumbo al metro del aeropuerto, que está muy bien señalizado. El billete tiene un suplemento especial por salir desde el aeropuerto (unos 9 € por persona), pero en unos 40–45 minutos te plantas en pleno centro de Atenas, así que merece totalmente la pena.
Nuestra parada fue Monastiraki, una de las estaciones más conocidas de la ciudad y, probablemente, uno de los mejores lugares para tener el primer contacto con Atenas. Nada más salir te encuentras con una imagen muy auténtica: la plaza llena, el mercado de pulgas, artistas callejeros y, presidiendo el lugar, la Santa Iglesia de María Pantanassa, una pequeña iglesia bizantina del siglo X que sigue siendo un punto de referencia para locales y viajeros. Muy cerca también está el Museo de la Cultura Griega Moderna, que ayuda a entender cómo ha evolucionado el país hasta la actualidad.
Desde allí caminamos hasta nuestro primer alojamiento, el Athens Center Square Hotel, dejamos las maletas y salimos directos a perdernos por el centro. Nuestro primer gran monumento fue la Biblioteca de Adriano, uno de los primeros grandes restos arqueológicos que ves casi sin buscarlo. Fue construida en el año 132 d.C. por el emperador romano Adriano como centro cultural, con salas de lectura, archivos y espacios para el estudio. Y todo esto, con el Partenón asomando desde lo alto de la Acrópolis. Flipando.
Seguimos caminando hacia el barrio de Plaka, uno de los más antiguos y bonitos de Atenas. Calles estrechas, fachadas de colores, tiendas pequeñas y ese ambiente tan mediterráneo que te imaginarías de Grecia. Desde allí pasamos por los alrededores del Ágora Romana, que durante siglos fue el centro comercial y administrativo de la ciudad en época romana, sustituyendo al antiguo Ágora griega (que encontrarás en frente).
Pero uno de los momentos más especiales del día llegó al subir al Areópago, uno de los mejores miradores de Atenas. Esta colina de roca, situada justo frente a la Acrópolis, fue en la antigüedad el lugar donde se reunía el consejo de ancianos y donde se celebraban juicios importantes. Hoy es uno de los mejores miradores de Atenas. Desde allí vimos nuestra primera puesta de sol en Grecia: el Partenón teñido de tonos anaranjados y toda la ciudad a nuestros pies. Impresionante. De esos momentos que se te quedan grabados de un viaje.
Después bajamos de nuevo hacia la zona de Monastiraki y el mercado de pulgas, que a esa hora estaba lleno de gente. Continuamos paseando por la calle Ermou, una de las principales arterias comerciales de Atenas, siempre llena de gente, música en directo y mucho movimiento. En mitad de esa calle se esconde una pequeña joya: la iglesia bizantina de Panagía Kapnikaréa, construida en el siglo XI. Es gratuita y bastante pequeña, pero tiene algo especial.
Seguimos caminando hasta la plaza Syntagma, el corazón político de Grecia, donde se encuentra el Parlamento griego. Justo delante están los famosos soldados Evzones, vestidos con el uniforme tradicional, custodiando la tumba del soldado desconocido. El cambio de guardia es uno de los momentos más curiosos que ver en Atenas.
Antes de cenar, hicimos una última parada en la Catedral Metropolitana de Atenas, también gratuita. Construida en el siglo XIX, es el principal templo ortodoxo del país y contrasta bastante con las pequeñas iglesias bizantinas que habíamos visto durante la tarde. Y ya sí, tocaba cenar. Fuimos a The Greek Project, donde probamos nuestra primera moussaka del viaje y el primer souvlaki (de muchos) con tzatziki. Además, tuvieron el detalle de regalarnos una pequeña sopa calentita de entrante y una mousse de chocolate de postre. Un comienzo perfecto para el viaje.
Con el estómago lleno y después de un día intenso de primeras impresiones, tocaba volver al hotel y descansar. Al día siguiente nos esperaba uno de los días más potentes del viaje. Y aún no éramos del todo conscientes de ello.
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📍 Día 2: Visita a la Acrópolis de Atenas y centro
Amanece nuestro segundo día en Atenas y hoy sí, tocaba uno de esos platos fuertes (por una vez no hablamos de comida) que llevábamos esperando desde que empezamos a planear el viaje. Desayuno tranquilo en el hotel, con yogur griego, muesli y miel (qué cosa más sencilla y qué cosa más rica), y directos hacia la Acrópolis.
Llegamos con bastante antelación, pero aun así tuvimos que esperar unos 15 minutos para entrar. Nada grave. Aprovechamos ese ratito para subir otra vez al Areópago y hacernos unas fotos con la Acrópolis de fondo. A esa hora, con la luz suave de la mañana y casi sin gente, es una maravilla. En cuanto abrieron el acceso, entramos. Y lo primero que te encuentras ya te deja con la boca abierta: el Odeón de Herodes Ático. Un teatro enorme del año 161 d.C., construido por un rico romano en honor a su esposa. Lo mejor es que todavía hoy se utiliza para conciertos y espectáculos.
Desde ahí comenzamos a subir por la entrada principal de la Acrópolis, cruzando los Propileos, esa especie de gran puerta monumental que da paso al recinto. Y entonces aparece el Partenón. Y sí, aunque lo hayas visto mil veces en fotos, impresiona igual o más. La altura, las columnas, los detalles que siguen en pie después de más de 2.400 años, guerras, saqueos y reconstrucciones… te pone los pelos de punta.
El Partenón se construyó en el siglo V a.C., en el momento de mayor esplendor de Atenas, y estaba dedicado a Atenea, la diosa que da nombre a la ciudad. Seguimos recorriendo el recinto y nos acercamos al mirador donde ondea la bandera de Grecia. Desde ahí tienes unas vistas brutales de la ciudad. Se pueden ver perfectamente otros puntos importantes como el Estadio Panatenaico (donde se celebraron los primeros Juegos Olímpicos modernos en 1896), la Puerta de Adriano o el Templo de Zeus Olímpico al fondo.
Después fuimos al Erecteion, uno de los templos más bonitos y curiosos de la Acrópolis. Está dedicado a Atenea y a Poseidón y es famoso por las Cariátides, esas figuras femeninas que hacen de columnas. Las que ves allí son copias; las originales están protegidas en el Museo de la Acrópolis para evitar su deterioro. Muy cerca también está el famoso olivo sagrado, símbolo de la diosa y uno de los elementos más importantes del lugar.
Tras un buen rato recorriendo todo y haciendo fotos (muchas), bajamos hacia las laderas de la Acrópolis, una zona menos conocida pero llena de rincones interesantes. Allí vas encontrando el Teatro de Dionisio, considerado el teatro más antiguo de Grecia y el lugar donde nacieron las primeras tragedias y comedias clásicas, el Santuario de Asclepio, dedicado al dios de la medicina, y pequeños templos y restos arqueológicos por todas partes. Es una zona para tomársela con calma y disfrutarla por horas. Nosotros no tuvimos opción, pero nos habría encantado poder haber visitado la Acrópolis con guía, para la siguiente.
Rodeamos el Odeón por fuera y nos fuimos hacia la colina de las Ninfas, otro de esos sitios que no todo el mundo visita y que merece mucho la pena. Durante la subida pasamos por la conocida como “Prisión de Sócrates”, una cavidad excavada en la roca que, según la tradición, fue el lugar donde estuvo retenido antes de su condena.
Seguimos subiendo hasta el Monumento a Filopapo, un mausoleo romano del siglo II situado en lo alto de la colina. Desde aquí tienes una de las mejores vistas de la Acrópolis de Atenas, con la ciudad extendiéndose y el mar al fondo. Un mirador espectacular y, además, bastante más tranquilo. Al bajar decidimos acercarnos al yacimiento arqueológico de Kerameikos, que fue el antiguo cementerio de la ciudad y una de las zonas más importantes de la Atenas clásica. Por desgracia, estaba cerrado por mantenimiento, así que nos quedamos con las ganas de entrar.
Y con todo lo que llevábamos ya encima, tocaba parar a comer. Fuimos a Maiandros, un sitio muy recomendable en el centro. Probamos un queso asado con pimientos que estaba increíble, un pastitsio (una especie de lasaña griega) que, siendo sinceros, no nos pareció nada del otro mundo, y nuestro primer gyros del viaje, que sí que estuvo a la altura. Después hicimos parada técnica dulce: baklava, kataifi y café para descansar un poco los pies. Por cierto, aviso: el café en Grecia nos pareció bastante caro para lo que estamos acostumbrados.
Con las pilas cargadas, volvimos hacia Syntagma para ver el cambio de guardia frente al Parlamento. Se hace cada hora y es curioso ver a los Evzones con su uniforme tradicional y esa forma tan característica de moverse.
Desde allí caminamos hacia la conocida como Trilogía de Atenas: la Universidad, la Biblioteca Nacional y la Academia de Atenas. Tres edificios neoclásicos del siglo XIX espectaculares que reflejan ese intento de la Grecia moderna por conectar con su pasado clásico. Justo allí empezó nuestro free tour, que nos ayudó muchísimo a entender mejor la historia de la ciudad y a poner en contexto todo lo que habíamos visto durante el día. Muy recomendable hacerlo.
Para cenar elegimos Avli, una taberna con mucho ambiente local, tanto que había griegos muy contentos cantando como si no hubiera un mañana. Pedimos queso frito y una tabla variada para compartir. Sencillo, rico y perfecto para cerrar el día. Y ahora sí, vuelta al hotel a descansar. Al día siguiente dejábamos Atenas y empezaba la ruta por carretera por la Grecia continental. Y ahí el viaje cambiaba completamente de ritmo.
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📍 Día 3: Canal de Corinto, Micenas, Tirinto y llegada a Nauplia
Desayunamos tranquilos, recogimos las cosas y pusimos rumbo a por nuestro coche de alquiler. Ese día empezaba de verdad la ruta por la Grecia continental, dejando atrás Atenas para adentrarnos en el Peloponeso.
Nuestra primera parada fue el Canal de Corinto. Y solo podemos decir una cosa: impresiona muchísimo más en persona que en fotos. Esta enorme obra de ingeniería, inaugurada en 1893, atraviesa el estrecho istmo que une el Peloponeso con el resto de Grecia y permite ahorrar más de 300 kilómetros de navegación a los barcos que evitan rodear toda la península. Tiene unos 6 kilómetros de largo y paredes de hasta 80 metros de altura.
Es una visita rápida, no necesitas mucho tiempo, pero merece totalmente la pena parar. Y si quieres darle un punto extra de adrenalina, también se puede hacer puenting desde lo alto del puente. Nosotros nos conformamos con mirar… que ya impone bastante y estaba cerrado.
Desde allí continuamos hacia la Antigua Corinto, uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Grecia. Pasear entre sus ruinas te hace imaginar lo que fue esta ciudad en la Antigüedad, cuando era uno de los grandes centros comerciales del mundo griego y romano. Lo más llamativo es el Templo de Apolo, construido en el siglo VI a.C., con sus enormes columnas dóricas todavía en pie. El museo también merece mucho la pena, con estatuas, mosaicos y piezas originales que ayudan a entender cómo era la vida allí hace miles de años.
Seguimos la ruta hacia Micenas, uno de los enclaves más míticos de la Grecia antigua y cuna de la civilización micénica (siglos XVI–XII a.C.). El recinto es grande y muy importante históricamente, pero entre la lluvia que empezaba a caer más fuerte y el precio de la entrada decidimos no entrar. Lo vimos desde fuera y continuamos camino. A veces también toca saber adaptarse.
La siguiente parada fue Tirinto, y fue todo un acierto. Justo cuando llegamos dejó de llover. Este yacimiento, también de época micénica y declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es menos visitado pero muy interesante. Lo más impresionante son sus murallas ciclópeas, enormes bloques de piedra colocados hace más de 3.000 años, tan grandes que los antiguos griegos pensaban que solo los cíclopes podían haberlas construido. Pudimos recorrer parte del recinto y meternos por sus galerías interiores, que son una pasada.
Desde allí nos dirigimos a Nauplia, donde haríamos noche. Paramos primero a comer en una taberna local. Pedimos un queso empanado, una “ensalada de colores” y un plato de loukaniko con arroz, un guiso de salchichas griegas muy típico, sabroso y contundente.
Por la tarde tocaba recorrer Nauplia, una de las ciudades más importantes y bonitas del Peloponeso y que, además, fue la primera capital de la Grecia moderna entre 1823 y 1834, tras la independencia del Imperio Otomano. El tiempo estaba completamente loco: lluvia, frío, sol, calor… todo en cuestión de minutos. Aun así, disfrutamos mucho paseando por su casco histórico, con calles estrechas, balcones llenos de flores, sí flores en enero… y un ambiente quizás demasiado tranquilo. Bajamos hasta el puerto, desde donde se ve el pequeño castillo de Bourtzi, situado en una islita frente a la costa y que durante siglos sirvió como fortaleza defensiva.
Después subimos a Acronauplia, la parte más alta de la ciudad antigua, desde donde se tienen unas vistas preciosas de Nauplia, del mar y de la enorme Fortaleza de Palamedes, que domina todo el paisaje desde lo alto de la montaña. El contraste entre el azul del mar y los tonos cálidos de la ciudad es una pasada.
Bajamos también a ver una iglesia ortodoxa del centro histórico y teníamos pensado hacer el paseo por la línea costera, pero estaba cerrado por desprendimientos debido a las fuertes lluvias de esos días. Otra vez tocaba improvisar. Para cenar elegimos un restaurante en el puerto. Pedimos pulpo con fava y cebolla asada (una crema suave de legumbres amarillas muy típica), dolmades en salsa y una carne de cerdo picante que estaba espectacular. Todo riquísimo.
Con el estómago lleno, nos fuimos hacia nuestro alojamiento, el Ippoliti Hotel, una casa del siglo XIX reconvertida en hotel con muchísimo encanto, y dos cuadros que daban miedo.
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📍 Día 4: Cueva de Kapsia, la mágica Mistrá, Esparta y llegada a Olimpia
Nos despertamos en Nauplia con muchas ganas de seguir ruta. Tocaba otro día intenso por el Peloponeso, de esos en los que ves cosas muy distintas entre sí.
Nuestra primera parada fue la Kapsia Cave, una cueva bastante desconocida y, sinceramente, una de las sorpresas del viaje. Nada más llegar ya nos llamó la atención el entorno, pero lo mejor estaba dentro. La entrada cuesta apenas unos 5€, y como fuimos en temporada baja y a primera hora, nos encontramos completamente solos. Literalmente. La visita fue casi privada.
La cueva es famosa por sus formaciones geológicas únicas, especialmente por las estalagmitas con forma de dientes de sierra, algo bastante poco común. A lo largo del recorrido vas encontrando figuras naturales de todo tipo: algunas parecen animales, otras recuerdan a monumentos. Nuestra guía nos iba señalando formaciones que parecían un león, un delfín o incluso algo parecido a la Torre de Pisa.
Además, el lugar tiene su parte misteriosa. Se encontraron restos de huesos humanos en su interior y no está del todo claro si la cueva se utilizó como cementerio o si esas personas quedaron atrapadas allí por inundaciones hace siglos. Le da un aire todavía más intrigante. En el exterior hay un enorme sumidero natural desde el que el agua que baja de las montañas desaparece bajo tierra. Ver cómo el río literalmente se “traga” el paisaje es bastante impresionante.
Desde allí pusimos rumbo a Mistrá o Mistrás. Y aquí lo decimos claro: fue, sin duda, uno de nuestros lugares favoritos de todo el viaje. Un sitio que no siempre aparece en las rutas más rápidas, pero que nos pareció una auténtica maravilla. Completamente imprescindible en un viaje por Grecia.
Mistrá es una antigua ciudad bizantina situada en la ladera de una montaña, cerca de Esparta (seguro que ésta sí que te suena eeeh). Fue una de las ciudades más importantes del Imperio Bizantino entre los siglos XIII y XV y hoy se conserva como un enorme recinto arqueológico que puedes recorrer libremente. Y cuando decimos enorme… es enorme de verdad.
Nada más entrar te das cuenta de la dimensión del lugar. Hay un castillo en lo alto, desde donde se dominaba todo el valle, un gran palacio, iglesias bizantinas con frescos aún visibles, monasterios (algunos siguen activos hoy en día) y casas que trepan por la montaña. Es como pasear por una ciudad fantasma congelada en el tiempo.
Entre los edificios más destacados están el Palacio de los Déspotas, que fue el centro político de la ciudad, varias iglesias como la de Santa Sofía o la de San Demetrio, y monasterios como el de Pantanassa, donde todavía viven monjas. La entrada cuesta unos 20€, pero aquí sí que sentimos que cada euro está más que justificado.
Después de la visita, tocaba comer. Paramos en un restaurante llamado The Greek, donde pedimos dolmades, queso frito (sí, una vez más) y cordero asado. Todo riquísimo, de esos sitios sencillos donde se come muy bien. Con el estómago lleno, seguimos hacia Esparta. Teníamos ganas de ver al menos el lugar que dio origen a la famosa ciudad guerrera. Nos acercamos a la estatua del mítico Leónidas, el rey espartano que lideró la resistencia contra los persas en la batalla de las Termópilas en el año 480 a.C. Es una parada rápida, pero curiosa.
También nos acercamos al yacimiento arqueológico de la antigua Esparta, pero siendo sinceros, es de los que están poco excavados y no hay demasiado que ver en comparación con otros sitios del viaje. En nuestro caso, decidimos no entrar y continuar ruta. La siguiente parada ya era Olimpia, nuestro destino final del día. Llegamos al anochecer y la sensación fue curiosa: no había prácticamente nadie. Dimos un paseo rápido por el pueblo para ubicarnos y empezar a imaginar lo que veríamos al día siguiente, porque sabíamos que ahí nos esperaba otro de los grandes momentos del viaje.
Cenamos tranquilamente y nos fuimos hacia nuestro alojamiento, el Hércules Hotel. Un sitio humilde, sencillo y sin grandes lujos, pero perfecto para pasar una noche y descansar antes de visitar al día siguiente uno de los lugares más importantes de la historia del deporte.
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📍 Día 5: Olimpia, la cuna del deporte, Lepanto, Galaxidi y llegada a Delfos
Amanecíamos en Olimpia, uno de los lugares que más ganas nos sorprendió de todo el viaje y, con el paso de los días, podemos decir que se convirtió en nuestro yacimiento arqueológico favorito de Grecia. Aquí nació todo. La ciudad donde se crearon los Juegos Olímpicos en el año 776 a.C., celebrados en honor a Zeus y que durante siglos reunieron a atletas de toda la Antigua Grecia.
La visita se divide principalmente en tres partes: el propio yacimiento, el Museo Arqueológico de Olimpia y el Museo de los Juegos Olímpicos Antiguos. Todo incluido en una entrada conjunta de unos 20€, que en este caso sentimos que sí estaba más que justificada. Entramos a primera hora y prácticamente solos. Entre que era temporada baja, y que la mayoría de los turistas no se mueven por esta zona de Grecia…
Lo primero que impacta es el Templo de Zeus, que en su momento fue uno de los más importantes del mundo griego. Seguro que lo conoces por la estatua del dios sentado entre las grandes columnas… Allí se encontraba la famosa estatua de Zeus, considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, hecha de oro y marfil. Hoy solo quedan los enormes bloques y columnas caídas, pero aun así impone muchísimo.
Seguimos hasta el antiguo estadio olímpico, probablemente el lugar más sentimental de la visita. Cruzar el arco de entrada por donde accedían los atletas y pisar la pista donde competían hace más de 2.000 años impone y mucho. El recinto tiene mucho más que ver: el Templo de Hera, uno de los más antiguos del santuario; el Philippeion, un edificio circular dedicado a la familia de Alejandro Magno; la palestra y el gimnasio donde entrenaban los deportistas; y diferentes altares y estructuras que te hacen entender la importancia religiosa y deportiva del lugar.
Después pasamos al Museo Arqueológico de Olimpia, que nos pareció una auténtica pasada. Aquí se conservan muchas de las esculturas originales del santuario, y lo más impresionante, sin duda, es el conjunto escultórico del Templo de Zeus, con figuras mitológicas llenas de detalles.
Continuamos con el Museo de los Juegos Olímpicos Antiguos, que complementa muy bien la visita al yacimiento. Si te gusta el deporte, te va a encantar. Explica cómo eran las pruebas, cómo entrenaban los atletas y la importancia que tenían los Juegos en la Antigua Grecia. Antes de irnos, hicimos una parada rápida en el Museo de Arquímedes, un pequeño espacio dedicado a inventos de la antigua Grecia y principios científicos. Curioso, diferente, gratuito, pero más breve que los otros.
Con la mañana bien aprovechada, nos pusimos rumbo hacia Patras. Allí subimos al castillo, que además es gratuito y tiene unas vistas muy chulas de la ciudad y el golfo. Es una fortaleza construida en época bizantina sobre restos antiguos y modificada por venecianos y otomanos a lo largo de los siglos. Esa mezcla de culturas se nota bastante en su estructura, sobre todo en la torre redondeada de influencia veneciana.
Paramos a comer por la zona y seguimos la ruta hacia Nafpaktos. Y aquí viene uno de esos momentos random del viaje. El nombre no nos sonaba demasiado… hasta que caímos en que este lugar es el famoso Lepanto. Sí, donde tuvo lugar en 1571 la Batalla de Lepanto, en la que Cervantes participó y donde perdió el uso de su mano izquierda.
Fue uno de esos pequeños descubrimientos inesperados. Sinceramente no lo ubicábamos Lepanto en Grecia… El pueblo es precioso: un puerto veneciano con muchísimo encanto, una estatua dedicada a Cervantes, restos de baños otomanos, el castillo veneciano en lo alto de la montaña, la torre del reloj y una playa que en verano tiene que ser una maravilla.
Continuamos por una carretera panorámica junto al mar hasta llegar a Galaxidi, un pequeño pueblo costero muy bonito. Ya quedaba poca luz, así que dimos un paseo rápido y seguimos hacia nuestro destino final del día.
Llegamos a Delfos al atardecer. El pueblo está colgado en la ladera de la montaña, con unas vistas impresionantes del valle y el mar al fondo. Nos alojamos en el Tholos Hotel, que sería nuestra base por una noche. Salimos a cenar algo sencillo: unos souvlakis, gyros y poco más. Y a la cama pronto, porque aquí sí que hacía frío de verdad. Nada que ver con los días anteriores.
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📍 Día 6: Ossios Loukas, Delfos, Oráculo de Delfos y llegada a Meteora
Amanece lloviendo a mares. Pero cero dramas. Ya sabes que en un viaje no todo puede ser solazo, y además el plan del día pintaba tan bien que daba un poco igual. Pusimos rumbo al Monasterio de Ossios Loukas, una parada que surgió casi sobre la marcha y que fue una recomendación top de Regina, la madre de Aarón. Y menudo acierto.
Además, tuvimos suerte: era primer domingo de mes, lo que en Grecia significa que muchos monumentos nacionales son gratis. Y oye, eso siempre se agradece… cultura y ahorro en el mismo pack.
El monasterio está en mitad de la montaña, rodeado de naturaleza, y es uno de los complejos monásticos bizantinos más importantes del país. Fue fundado en el siglo X en honor a San Lucas el Estilita (Ossios Loukas), y está declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es pequeñito, se recorre rápido, pero la iglesia principal es realmente impresionante por dentro.
Nos hubiera gustado verlo con más calma, pero estaban celebrando misa y estaba llenísimo. Aun así, pudimos entrar un poco y ver los mosaicos dorados, los frescos y esa atmósfera tan especial que tienen estos templos ortodoxos. Después pasamos a la capilla anexa, más pequeña pero llena de color y detalles. Fue una visita corta, pero muy especial.
Desde allí volvimos hacia Delfos. Y aquí vino uno de esos momentos de suerte viajera que tanto nos gustan. Según el parte del tiempo, debía dejar de llover… y efectivamente, al llegar, solazo. Y encima, visita gratis por ser domingo. Otros 20€ por persona que nos ahorramos. Redondo. Empezamos recorriendo el yacimiento arqueológico de Delfos, uno de los lugares más sagrados de la Antigua Grecia. Aquí se encontraba el famoso Oráculo de Delfos, al que acudían reyes y ciudadanos de todo el mundo griego para pedir consejo al dios Apolo. Y nosotros de paso los números del euromillón…
La subida por el recinto ya es una pasada, tanto por los monumentos como por las vistas al valle. Fuimos pasando por el Tesoro de los Atenienses, que era un pequeño edificio donde la ciudad de Atenas guardaba ofrendas y riquezas; el Templo de Apolo, el corazón del santuario; y el Teatro de Delfos, situado en lo alto, desde donde se tienen unas vistas espectaculares de todo el conjunto y del paisaje que lo rodea. Se nota que fue un sitio muy importante durante siglos.
Después quisimos visitar la zona del Santuario de Atenea Pronaia, donde está el famoso Tholos de Delfos (ese templo circular que sale en muchas fotos), además del gimnasio y otros restos arqueológicos. Pero estaban cerrados por trabajos de excavación y conservación. Muy mala suerte. Intentamos ver algo desde la carretera, pero spoiler: casi nada.
Así que nos fuimos directos al Museo Arqueológico de Delfos, que merece muchísimo la pena. Eso sí, aquí sí había gente. Mucha. Llegan bastantes excursiones organizadas desde Atenas, y se nota. Aun así, es un museo muy interesante, con piezas originales encontradas en el santuario, esculturas, frisos y el famoso Auriga de Delfos, una de las esculturas de bronce mejor conservadas de la Antigua Grecia.
Después tocaba carretera. Varias horas hasta Meteora, pero decidimos parar a mitad de camino a comer en un pueblecito. Entramos en una taberna local donde todo estaba en griego, había música en directo y el ambiente era súper auténtico. Hablaban algo de inglés, pero la comunicación fue un poco a base de gestos y sonrisas. La verdad es que no sabemos muy bien qué acabamos pidiendo exactamente, pero fue un aciertazo. Carne a la parrilla, queso con tzatziki, pan calentito… y todo por unos 20€. Y para rematar, cuando fuimos a pagar, la camarera nos dijo que nos quedáramos más rato, que por qué nos íbamos tan pronto. Momentazo.
Seguimos ruta hasta Meteora y, cuando llegamos, nos instalamos en el Theatro Hotel Odysseon (una maravilla de sitio, con vistas directas a las formaciones rocosas). Allí nos explicaron todo: horarios de los monasterios, cuáles visitar primero, cómo organizar la ruta… súper amables y muy atentos.
Meteora está formada por gigantescas columnas de roca que se elevan de forma casi imposible desde el suelo, y en lo alto de algunas de ellas se construyeron monasterios a partir del siglo XIV, buscando aislamiento y protección. Solo llegar y ver esas moles de piedra ya te deja loco. Sabíamos que al día siguiente iba a ser uno de los momentos más potentes del viaje. Subimos a ver la puesta de sol, cenita y a la cama.
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📍 Día 7: Visita a los monasterios de Meteora y Kalambaka
Desayunamos en el hotel (Theatro Hotel Odysseon) y solo por ese desayuno ya merecía la pena levantarse con ganas. Un buffet increíble: zumo recién exprimido, yogur griego con muesli y miel (que ya se había convertido en tradición), café calentito y una mesa llena de bollitos y dulces distintos. Energía bien cargada porque tocaba el día grande del viaje por Grecia: Meteora.
Adaptamos la visita a los horarios de los monasterios, algo muy importante aquí porque cada día de la semana hay alguno cerrado. Así que, mapa en mano y planificación rápida, nos pusimos en marcha. Para quien no lo sepa, Meteora es un lugar único en el mundo. Un paisaje formado por enormes columnas de roca que se aparecen y, en lo alto de algunas de ellas, monasterios construidos desde el siglo XIV por monjes que buscaban aislamiento y protección. Solo con verlo desde debajo ya te deja sin palabras.
Visitamos varios de los monasterios principales:
- Varlaam, uno de los más grandes e impresionantes. Fue fundado en el siglo XVI y tiene una iglesia preciosa y un pequeño museo. Las vistas desde arriba son brutales.
- San Esteban, que está más accesible que otros, pero si vas con el tiempo justo o no quieres entrar en todos, no es uno de los imprescindibles.
- Roussanou, situado en una roca muy llamativa. Sinceramente, creemos que con verlo desde fuera es suficiente, le pasa lo mismo que al de San esteban.
- Gran Meteoro (Megalo Meteoro), el más grande y antiguo de todos, fundado en el siglo XIV. Es el más completo por dentro, con varias salas, iglesia y exposiciones. Nos los encontramos cerrado por mantenimiento.
- Agios Nikolaos Anapafsas, más pequeño pero con muchísimo encanto y unos frescos impresionantes.
- Monasterio de la Santísima Trinidad (Agia Triada), uno de los más fotogénicos, encaramado en una roca aislada. Solo llegar ya merece la pena.
Dejamos para el día siguiente el de San Esteban, con la esperanza de poder verlo si abría. Meteora da para muchísimo más, así que más adelante haremos un artículo completo sobre cómo visitar Meteora, qué ver en cada monasterio, horarios actualizados y consejos para recorrerlos sin volverte loco.
A mediodía bajamos a comer al pueblo de Kalambaka. Elegimos la taberna Ταβέρνα – Μεζεδοπωλείο Το Βαένι y fue otro acierto. Pedimos gemista (pimientos rellenos) que estaban espectaculares, puré de fava y pollo con crema. Todo riquísimo y muy casero.
Después de comer decidimos dar un paseo por Kalambaka aprovechando el solecito, porque por la noche la temperatura baja bastante (recuerda que estamos en enero–febrero y aquí el frío se nota de verdad). Visitamos la iglesia bizantina Ιερός Ναός Κοιμήσεως της Θεοτόκου Καλαμπάκας, que cuesta apenas 2€ y nos pareció una auténtica joya. El edificio tiene partes que se remontan al siglo XI y conserva muchos elementos originales. Lo que más nos impresionó fueron las pinturas y frescos del interior. Están increíblemente bien conservados para los siglos que tienen. Se nota que es un lugar muy especial.
Desde allí hicimos una pequeña ruta para ver los Wooden Cliff Platforms, los restos de las antiguas plataformas de madera donde vivían los primeros ermitaños antes de que existieran los monasterios actuales. Estas estructuras, colgadas en las paredes de la roca, servían como pequeñas celdas donde se aislaban para rezar y vivir en soledad. Verlas desde abajo y pensar cómo subían y bajaban en aquella época es una locura.
Volvimos al hotel a descansar un rato los pies, que después de tanto subir y bajar escaleras lo pedían a gritos. Por la tarde nos acercamos al mirador principal de Meteora para ver la puesta de sol. Y qué decir… uno de esos momentos que se quedan grabados. El cielo cambiando de color, las rocas iluminadas por la última luz del día y ese silencio tan especial. Vivir algo así junto a tu madre lo hace todavía más bonito.
Después, cena tranquila y a la cama. Al día siguiente aún nos quedaba un monasterio por ver antes de seguir con la ruta por Grecia continental.
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Delfos y Meteora en una excursión
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📍 Día 8: Monasterio de San Esteban, Theopetra Cave, vuelta a Atenas
Esto ya iba llegando a su final… y se empezaba a notar. Último desayuno en Meteora, último amanecer entre esas montañas imposibles y, cómo no, Regina con su ya clásico yogur griego con miel y muesli. Empiezo a pensar que podría alimentarse sólo de eso el resto de su vida 😅
Con el estómago lleno, hicimos el check out y pusimos rumbo al último monasterio que nos quedaba por ver: San Esteban. La entrada, como en el resto, 5€. Es uno de los más accesibles porque prácticamente no tiene escaleras, lo cual se agradece después de varios días subiendo y bajando.
La iglesia por dentro es muy bonita, con frescos bien conservados y ese ambiente ortodoxo tan especial. Pero siendo sinceros, el resto del monasterio nos pareció bastante normal. La visita está bastante acotada y, comparado con el Gran Meteoro o Varlaam, se queda un poco más flojo. Aun así, nos alegramos de haberlo visto y completar la ruta.
Desde allí pusimos rumbo a la Theopetra Cave, que nos hacía bastante ilusión. Es una cueva muy importante arqueológicamente porque se han encontrado restos humanos que demuestran que estuvo habitada desde hace más de 100.000 años. Además, se descubrió un muro de piedra prehistórico que podría ser una de las construcciones humanas más antiguas del mundo.
Pero nuestra sorpresa al llegar… cerrado. Otra vez. Así que tocaba activar el plan D: carretera directa hacia Atenas. Paramos a comer algo rápido en un restaurante de carretera junto a la autopista y continuamos hasta la capital para hacer el check in en nuestro último hotel. Y aquí viene el momento menos glamuroso del viaje. Sin duda, el peor alojamiento de todos. Un supuesto 4 estrellas que probablemente lo fue… hace 40 años. Solo por la suciedad tendríamos que haber salido corriendo. Pero bueno, era solo una noche y tocaba adaptarse.
Lo que nos quedaba de tarde lo aprovechamos para despedirnos de Atenas con calma. Recorrimos Plaka de día, que cambia bastante respecto a verlo de noche. Más tranquilo, con las tiendas abiertas y ese ambiente tan bonito entre calles estrechas y casas de colores. Después nos acercamos al Jardín Nacional de Atenas, justo detrás del Parlamento. La entrada es gratuita y es un respiro total dentro del caos de la ciudad. Tiene caminos entre árboles, pequeños estanques y hasta un mini zoo con animales. Un sitio curioso para pasear.
Justo delante de la entrada del metro de Syntagma también se pueden ver restos arqueológicos que aparecieron durante las obras de construcción. Entre ellos, antiguos baños romanos y partes de la antigua ciudad que han dejado visibles tras vitrinas.
Aprovechamos para comprar algunos recuerdos y regalitos para familia y amigos, dimos un último paseo por el centro y nos fuimos a cenar. Y luego al hotel a dormir… o a intentarlo. Porque la noche fue bastante terrible. Pero bueno, ya estábamos en modo despedida y lo importante era todo lo que habíamos vivido durante esos días.
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Visita completa por Atenas
Si quieres entender de verdad la historia de la ciudad y visitar sus lugares más emblemáticos, esta visita guiada completa por Atenas es perfecta para recorrer la Acrópolis, el museo y el centro histórico con guía en español y sin perderte nada importante.
📍 Día 9: Museo de la Acrópolis y vuelta a casa
Último día. Y si el hotel ya había sido flojo… el desayuno no mejoró mucho la cosa. Pero bueno, gajes del oficio. Ya estábamos en modo despedida y lo importante era aprovechar las últimas horas en Atenas.
Antes de poner rumbo al aeropuerto teníamos una visita pendiente que habíamos dejado para el final: el Museo de la Acrópolis. Y menos mal que no nos lo saltamos, porque es una auténtica pasada. La entrada cuesta unos 20€, pero merece totalmente la pena. Es uno de los museos más modernos e importantes de Grecia y está construido justo a los pies de la Acrópolis. Además, el edificio en sí ya llama la atención, con grandes cristaleras y vistas directas al Partenón.
El museo se divide en varias plantas (técnicamente cuatro si contamos el yacimiento que hay debajo):
- Planta baja: Aquí empiezas viendo piezas encontradas en las laderas de la Acrópolis. Esculturas, relieves y restos de templos que te ayudan a entender cómo era la vida en la zona antes de subir al recinto principal.
- Primera planta: Objetos y esculturas del periodo arcaico. Figuras originales con muchísimo detalle y muy bien conservadas. Las cariátides originales.
- Segunda planta: Dedicada al propio Partenón. Aquí está uno de los puntos más impresionantes del museo: el friso original del templo, colocado de forma que sigue la misma orientación que el edificio real.
Pero si hay algo que destaca especialmente son las Cariátides originales. Verlas de cerca impresiona mucho más que las copias que están arriba en el Erecteion. Y hay un detalle que no pasa desapercibido: falta una. Ese hueco vacío representa a la cariátide que está en el British Museum, llevada allí en el siglo XIX. Grecia lleva años reclamando su devolución… y la verdad, viendo el conjunto, tiene todo el sentido del mundo. Ojalá algún día vuelvan a estar todas juntas.
Al terminar el recorrido bajamos a visitar el yacimiento que hay bajo el museo, visible a través de pasarelas de cristal. Son restos de antiguas viviendas y calles de la Atenas clásica que quedaron al descubierto durante la construcción del edificio. Incluye un pequeño espacio expositivo que explica cómo era la vida cotidiana en esa zona hace miles de años. Un broche final muy interesante.
Con la visita hecha, tocaba despedirse de Atenas. Compramos un gyros rápido para comer en el aeropuerto, recogimos las maletas en el hotel y nos fuimos hacia el metro. Menos mal que íbamos con tiempo, porque no sabíamos que el tren al aeropuerto pasa cada 30 minutos. Si llegamos a ir más justos, nos habría tocado correr o perder el avión.
Llegamos sin problema, check in, algo de comida y últimas miradas por la ventanilla del avión. Grecia alejándose poco a poco, sus montañas, el mar y las islas perdiéndose en el horizonte. Y mientras despegábamos, ya lo teníamos claro: volveremos. Probablemente con un Plan D muy tentador rondando la cabeza… un crucero por las islas griegas.
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Tour privado por Meteora
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⭐ Consejos y recomendaciones para viajar a Grecia
Viajar a Grecia fuera de temporada alta ha sido, sin exagerar, una auténtica fantasía. Poder recorrer algunos de los monumentos más importantes del mundo casi en silencio, sin multitudes y tomándote tu tiempo, cambia completamente la experiencia. Hay momentos en los que realmente sientes que estás solo frente a lugares con miles de años de historia. Pero como en cualquier viaje, hay pequeños detalles que conviene tener en cuenta para disfrutarlo aún más. Aquí van nuestros consejos y recomendaciones tras recorrer el país por libre:
- Capas, capas y más capas (y chubasquero siempre). Si viajas fuera del verano puro, el tiempo puede cambiar bastante según la zona. Para que te hagas una idea, en Atenas teníamos unos 20 grados durante el día y en Meteora bajábamos a 9. Con sol se estaba genial, pero en cuanto caía la tarde… amigo, hacía rasca. Lo mejor es vestirse “como una cebolla”, con varias capas que puedas ir quitando y poniendo según el momento. Y el chubasquero, siempre en la mochila. Aunque no llueva mucho, cuando lo hace no avisa.
- Calzado cómodo y que no resbale. Grecia es piedra y mármol. Y eso, cuando llueve o incluso con el rocío de la mañana, resbala bastante. No queremos poner a prueba la sanidad griega, así que unas buenas zapatillas o botas con agarre son muy recomendables. Además, muchos yacimientos arqueológicos tienen caminos de tierra, cuestas o zonas irregulares, por lo que llevar calzado adecuado marca la diferencia al final del día.
- Ten siempre un Plan D. Sí, D. Porque a veces el A, el B y el C se caen, el D, acaba funcionando ;). A nosotros nos pasó con alguna visita que encontramos cerrada a cal y canto. En lugar de quedarte con cara de “¿y ahora qué?”, lo mejor es tener localizados otros puntos cercanos que quizá descartaste al principio. Grecia está llena de historia, así que siempre habrá otro sitio interesante a pocos kilómetros. Adaptarse sobre la marcha forma parte del viaje.
- La Acrópolis: madruga y entra el primero. Si hay una visita estrella en Grecia, esa es la Acrópolis de Atenas. Nuestro consejo es reservar con bastante antelación y elegir la primera hora de la mañana. Entrar de los primeros te permite disfrutarla con mucha más calma y hacer fotos sin demasiada gente. Y una vez dentro, puedes quedarte todo el tiempo que quieras. No te limites solo al Partenón: toda la colina sagrada y sus alrededores esconden rincones y restos arqueológicos muy interesantes.
- Sí, puedes visitar la Acrópolis gratis. Aunque suene raro, no estamos locos. El primer y el tercer domingo de cada mes, la entrada a muchos monumentos nacionales es gratuita, incluida la Acrópolis. Ahora bien, ten en cuenta que no eres el único que lo sabe. Si decides ir en esos días, prepárate para encontrarte bastantes más visitantes de lo habitual aprovechando la “oferta”.
- El idioma: pequeños gestos que suman. Con inglés puedes moverte sin problema por prácticamente todo el país, pero aprender un par de palabras en griego siempre ayuda y se agradece. Un “yasas” (hola), “kalimera” (buenos días) o “kalispera” (buenas tardes) suele sacar una sonrisa y hace que el trato sea todavía más cercano.
- Conducción y carreteras: atención constante. Si vas a alquilar coche, hay que ir con mil ojos. Los pasos de peatones sin semáforo a veces parecen meramente decorativos, los adelantamientos pueden venir por cualquier lado y, si tardas medio segundo en arrancar cuando se pone el semáforo en verde, te van a pitar seguro. No es peligroso si conduces con atención, pero sí puede resultar un poco estresante al principio.
- Horarios más cortos fuera de temporada. Si viajas en invierno o en meses más tranquilos, ten en cuenta que anochece antes y muchos sitios cierran más pronto. Algunos restaurantes incluso pueden estar cerrados aunque en Google Maps aparezcan como abiertos. Lo mejor es no apurar demasiado el día y tener siempre alguna alternativa pensada para la cena.
👍 Lo que más y menos nos ha gustado de Grecia
Sabemos que es difícil ser objetivos cuando un destino te gusta tanto como nos ha pasado con Grecia, pero como siempre intentamos contar lo bueno y lo no tan bueno del viaje tal y como lo vivimos. Porque sí, es un país espectacular, pero también tiene sus pequeñas cosas a tener en cuenta.
👍 Lo que más nos ha gustado:
- Los monumentos (una auténtica locura). Grecia es, literalmente, historia en cada esquina. Podrías pararte en cualquier sitio y encontrarte con restos arqueológicos, templos o teatros con miles de años. Muchos de ellos además tienen museos incluidos en la visita, lo que te ayuda a entender todavía mejor lo que estás viendo. Hay momentos en los que de verdad sientes que te has metido en otra época, y eso a nosotros, nos enamora.
- La cercanía de la gente. Algo que nos sorprendió muchísimo. Si eres educado y entras con un simple “hola” o una sonrisa, la respuesta suele ser increíble. Aarón saludó sin más a una persona en una gasolinera y acabamos cenando en su restaurante con trato VIP, comida espectacular, vino y hasta un detalle de regalo… todo por unos 20 €. Son de esos momentos que no se nos olvidaran.
- Comer muy bien y muy barato. Nos pareció alucinante lo bien que se come en Grecia por el precio que tiene. Platos principales por unos 5–8 €, raciones generosas y de mucha calidad. Es bastante fácil que dos personas coman por unos 20 € y salgan rodando, y encima con vino incluido. Algo que, siendo sinceros, cada vez cuesta más encontrar en otros destinos europeos.
- Meteora. Uno de los lugares más mágicos en los que hemos estado nunca. Y no lo decimos a la ligera. Es complicado describir con palabras la sensación de estar allí, ver esos monasterios colgados en lo alto de formaciones rocosas imposibles y entender la dimensión real del lugar. Es de esos sitios que tu cabeza simplemente no puede asimilar.
👎 Lo que menos nos ha gustado:
- El precio de la gasolina. Si vas a recorrer Grecia en coche, prepárate. Repostar nos pareció bastante caro, muy por encima de lo que esperábamos. No es algo que arruine el viaje, pero sí es un gasto a tener en cuenta si vas a hacer muchos kilómetros como hicimos nosotros.
- El precio de algunos monumentos. Aquí tenemos sentimientos encontrados. Muchos merecen muchísimo la pena, pero si quieres ver bastante, el presupuesto sube rápido. La media ronda los 15–20 € por persona y por monumento, y duele un poco más cuando ves que hace no tantos años la entrada costaba 7–8 €. Algunos valen cada euro, otros quizá no tanto.
- La suciedad en algunas zonas de Atenas. Atenas tiene barrios preciosos, cuidados y con muchísimo encanto, pero también otros que están bastante descuidados. Calles con basura, grafitis y una sensación un poco incómoda al pasar, aunque siendo sinceros, en ningún momento nos pasó nada ni vimos situaciones raras. Probablemente es más una percepción que una inseguridad real.
- Algunos alojamientos no son lo que prometen. Aquí tuvimos nuestra peor experiencia del viaje. En general dormimos bien, pero el último hotel en Atenas fue un fiasco importante. Las categorías no siempre se corresponden con lo que esperas y, en nuestro caso, nos encontramos con bastante suciedad. Nada súper grave, pero sí una decepción para cerrar el viaje. ¿A quién le gustaría dormir en una habitación con bolas de pelos? Merece la pena revisar bien opiniones recientes antes de reservar.
Ahora que ya conoces nuestra ruta por Grecia en 9 días (con sus Plan D incluidos 😅), te invitamos a seguir explorando el país con el resto de nuestros artículos: te contaremos en detalle cómo visitar Meteora (monasterios, horarios, miradores y ruta perfecta), qué ver en Atenas y nuestras recomendaciones para hacer un roadtrip por la Grecia continental sin volverte loco con la organización.
Ojalá este viaje te sirva de inspiración para montar tu propia aventura por Grecia, ya sea por libre en coche o combinando ciudades y yacimientos a tu ritmo. Y si te queda cualquier duda sobre la ruta, los alojamientos o las entradas, escríbenos y te echamos una mano. ¡Nos leemos en el próximo viajazo!