Maldivas siempre nos había sonado a luna de miel de presupuesto ilimitado y villa sobre el agua. Nosotros hicimos otro viaje completamente distinto: Maldivas en 7 días moviéndonos en ferry público, durmiendo en islas locales y gastando bastante menos de lo que la gente se imagina. Hubo de todo: un encuentro con un tiburón ballena, un bautismo de buceo que se convirtió en uno de nuestros días favoritos, una tarde pintando en una isla sin coches ni motores de combustión… y también una actividad que reservamos con muchas ganas y que, siendo sinceros, no os vamos a recomendar. Te contamos nuestro itinerario completo, con lo bueno y lo no tan bueno, para que organices tu propio viaje sin vaciar la cuenta. ¿Te vienes a vivir este PlanD en el paraíso?

Maldivas en 7 días.

Dhigurah, Maldivas.

¿Por qué visitar Maldivas más allá de los resorts de lujo?

Maldivas es un archipiélago de más de 1.000 islas de coral repartidas en 26 atolones en pleno océano Índico, y probablemente el destino que más rápido viene a la cabeza cuando alguien piensa en «paraíso«. Durante años se ha vendido casi en exclusiva como destino de lujo — villas sobre el agua, resorts de isla privada, precios de cinco cifras — pero la realidad es que buena parte del país, las llamadas islas locales, se puede visitar de forma mucho más sencilla y cercana, con su propia cultura, su gente y su ritmo. Estas son, para nosotros, las razones por las que Maldivas merece estar en tu lista de destinos:

 

  • Paisajes que parecen retocados y no lo están. Agua turquesa transparente, arena blanca fina como el talco y ese contraste de tonos azules que cambia según la hora del día. Es de los pocos sitios donde la realidad supera a las fotos que ves antes de ir.

 

  • Uno de los mejores lugares del mundo para ver un tiburón ballena en libertad. El sur del archipiélago, sobre todo el atolón de Ari, es una de las zonas con más avistamientos regulares de tiburón ballena de todo el planeta, y nadar junto al pez más grande del mundo es de esas experiencias que te marcan de verdad.

 

Maldivas PlanDviajero
Maldivas.

 

  • Un paraíso para el buceo y el snorkel. Maldivas tiene algunos de los arrecifes de coral más ricos en biodiversidad del Índico: mantarrayas, tortugas, tiburones de arrecife y una vida marina que se puede disfrutar tanto buceando como simplemente con un tubo y unas gafas desde la orilla.

 

  • Una cultura propia que sorprende. Maldivas tiene más influencia del sur de Asia de lo que mucha gente espera: el islam marca la vida cotidiana en las islas locales, la gastronomía gira en torno al pescado, el coco y el curry, y conviven perfectamente con un turismo cada vez más consciente y sostenible, como comprobamos nosotros mismos en el viaje.

 

  • Un país que quizás no siempre esté así. Maldivas es el país más bajo del planeta, con una altitud media de apenas metro y medio sobre el nivel del mar. Es una de esas razones por las que cada vez más viajeros lo ponen en su lista: la sensación de estar conociendo un lugar único mientras todavía se puede.

 

Dicho esto, y como en cualquier destino, tampoco todo es tan perfecto como lo pintan las fotos de Instagram. Con este artículo queremos ser honestos: hay cosas que nos encantaron, pero también nos encontramos con alguna decepción por el camino (spoiler: una actividad que no volveríamos a hacer). Te lo contamos todo, tal cual lo vivimos, en el itinerario día a día

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¿Cómo organizamos nuestra ruta de 7 días por Maldivas?

Maldivas llegó como el broche final de nuestra ruta por Asia: veníamos de pasar 14 días recorriendo Sri Lanka de punta a punta, con la maleta medio deshecha y el cuerpo pidiendo cambiar templos y montañas por playa y agua turquesa. Como siempre nos pasa, apenas quedaban un par de días de viaje por Sri Lanka y Aarón ya andaba mirando vuelos y alojamientos para la siguiente parte — Álvaro, mucho más chill, se limitaba a decir «ya lo miramos con calma», que es su frase favorita y la que menos cumplimos.

 

Lo primero que resolvimos fueron los vuelos: uno de Sri Lanka a Maldivas para arrancar esta segunda etapa, y otro de vuelta desde Maldivas hasta Madrid para cerrar el viaje entero. Con eso cerrado, ya teníamos lo más importante del viaje… ¡Poder llegar y volver!

 

Atardecer en Maldivas.
Atardecer en Maldivas.

 

Después tocaba el alojamiento, y aquí sí que le dimos alguna vuelta entre los dos. Para no jugárnosla con los horarios de vuelos, decidimos pasar la primera y la última noche en Malé, en el Hotel Umet Seaview, cerca del aeropuerto. El resto de noches las concentramos en un único sitio, el Triton Prestige Seaview and Spa, en Maafushi — preferimos quedarnos fijos en una isla en vez de ir cambiando de alojamiento cada dos días, así aprovechábamos mejor el tiempo en las excursiones importantes del viaje.

 

Ya con todo encajado, fuimos apuntando paradas, alojamientos y actividades en un Google My Maps para tenerlo siempre a mano. Te lo dejamos aquí debajo

Maldivas en 7 días: nuestro itinerario

Día 1: Llegada a Malé desde Sri Lanka

Volamos directos desde Sri Lanka a Malé con Sri Lankan Airlines, sin ningún incidente. Pero lo primero que notamos, incluso antes de salir del aeropuerto, fue el cambio: después de 14 días en Sri Lanka, el salto de cultura y de gente a Maldivas nos pareció mucho más marcado de lo que esperábamos, fue entrar en un país completamente distinto en todos los sentidos, no solo en el paisaje.

 

Aeropuerto de Maldivas.
Aeropuerto internacionales de Male.

 

Pasamos el control de inmigración y, antes de nada, cambiamos dinero en el propio aeropuerto, aconsejados por el conductor del hotel, que nos esperaba a la salida — el Umet Seaview ofrece recogida gratuita desde el aeropuerto. El cambio que nos dieron en el mostrador fue incluso mejor que el que marcaba Google, así que va nuestro primer consejo: llevad euros en efectivo y cambiadlos ahí mismo, no recomendamos utilizar tarjeta para evitarse comisiones.

 

Mezquita de Malé.
Mezquita de Malé.

 

En el hotel nos llevamos una grata sorpresa: nos hicieron una mejora de habitación de regalo. Para cenar fuimos a Zituoni Restaurant, muy cerca del alojamiento. Pedimos un pad thai buenísimo (y muy picante, aviso para quien no aguante bien el picante) y un butter chicken con roshi, el pan típico maldivo que se convertiría en habitual de nuestras cenas por el país. Cerramos el día con un paseo por la playa cercana al hotel y pasamos junto a la mezquita principal de Malé, con su cúpula dorada, uno de los edificios más reconocibles de la ciudad.

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Día 2: Turismo sostenible en Villingili y traslado a Maafushi

Arrancamos nuestro viaje por Maldivas de verdad: con una excursión que resultó ser nuestro primer contacto con el mundo submarino del país. Salimos desde la terminal de ferry de Malé con Secret Paradise Maldives, una empresa local centrada en turismo sostenible y educativo, rumbo a Villingili.

 

Vistas desde el hotel.
Vistas desde el hotel.

 

Antes de meternos en el agua, nos contaron un poco sobre la cultura maldiva: aunque hoy el islam es la religión oficial del país, Maldivas fue budista durante siglos antes de la islamización en el siglo XII. El idioma local, el dhivehi, tiene raíces sánscritas, y su música tradicional —el Bodu Beru, con tambores de origen africano— sigue sonando en las islas locales. Nos gustó especialmente que todo esto nos lo contara alguien de allí, con esa mezcla de orgullo y cercanía que hace que la experiencia sea real y muy interesante. ¡Gracias Shark!

 

Mural conservación de los océanos.
Mural conservación de los océanos.

 

Con ese contexto ya en la cabeza, nos metimos al agua en Villingili Beach para hacer snorkel. Ahí pudimos ver de cerca los arrecifes de coral que la propia organización está trabajando en recuperar, en plena tarea de restauración para frenar su pérdida, y cientos de peces de todos los colores que ya se han instalado en la zona. Ver el trabajo de conservación tan de cerca, y no solo el resultado bonito para la foto, le añadió más valor y consciencia al viaje que estábamos empezando.

 

Álvaro y Aarón buceando en Maldivas.
Álvaro y Aarón buceando en Maldivas.

 

Después tocó la parte más inesperada: pintar. Nos llevaron a la playa con Shark, nuestro artista local. Compagina el arte con la conservación del medio ambiente, y entre pincel y pincel nos explicó un poco más sobre la simbología detrás de sus cuadros. El resultado fue diverso, por decirlo suave — Álvaro se defendió bastante bien, Aarón fue un auténtico desastre —, pero como planazo, pintar en la playa maldiva con alguien que de verdad se dedica a esto es difícil de superar.

 

Cuadros pintados por nosotros.
Cuadros pintados por nosotros.

 

Al mediodía cogimos el ferry local rumbo a Maafushi, cambiando del atolón de Malé Norte al de Malé Sur, donde pasaríamos el resto de la semana. El propio hotel, el Triton Prestige Seaview and Spa, nos recogió directamente en el ferry, así que llegar no pudo ser más cómodo. Dimos una vuelta por la isla — pequeñísima, sin apenas coches, con muchas motos, perfecta para moverse a pie — hicimos el check-in y salimos a cenar a Ocean Vista Indian Restaurant. Aarón pidió unas brochetas de atún a la brasa que venían con un batido de frutas buenísimo de regalo, y Álvaro un butter chicken con roshi, el mismo pan maldivo que ya habíamos probado la noche anterior en Malé.

 

Maafushi, Maldivas.
Maafushi, Maldivas.

Día 3: Nadando con el tiburón ballena en Dhigurah

Llevábamos varios días con este en la cabeza: el día del tiburón ballena. Desayuno rápido en el bufet del hotel y directos al puerto de Maafushi, donde nos esperaba la lancha rumbo a Dhigurah, en el atolón de Ari Sur — una de las zonas del planeta con más avistamientos de este animal durante todo el año. Entre hora y media y dos horas de trayecto, con vistas a islas muy distintas entre sí: unas locales, otras con water villas privadas, otras dedicadas por completo a la agricultura. El viaje en sí ya mereció la pena mostrándonos un poco más de Maldivas.

 

Aarón en la lancha rumbo a Digurah.
Aarón en la lancha rumbo a Digurah.

 

El primer aviso de que el día iba en serio llegó antes incluso de buscar al protagonista: una mantarraya joven y varias tortugas aparecieron cerca de la superficie, aunque se fueron a más profundidad casi tan rápido como llegaron. A partir de ahí, toda la tripulación centrada en una sola cosa: encontrar al tiburón ballena.

 

Álvaro con la mantarraya.
Álvaro con la mantarraya.

 

¡Y lo encontramos!. Impresiona de una forma que nos cuesta explicar: es inmenso, y aunque por su tamaño parezca lento, nada muchísimo más rápido de lo que esperábamos — hay que meter aletas de verdad para poder seguirle el ritmo. Tuvimos la suerte de ver dos ejemplares distintos ese día, y ahí descubrimos algo que no esperábamos: con el primero, la experiencia fue tranquila y cercana; en cuanto apareció el segundo, se juntaron de golpe muchas más lanchas y todo se volvió más caótico, con mucha más gente en el agua a la vez. Nuestro consejo si vais a hacer esta excursión: elegid un operador que trabaje con grupos pequeños. Nosotros éramos solo 5 en la lancha, y la diferencia entre esa primera experiencia y la segunda, mucho más masificada, se nota una barbaridad.

 

Tiburón Ballena, Maldivas.
Tiburón Ballena, Maldivas.

 

El resto del día jornada siguió dando guerra en el buen sentido: más mantas, más tortugas, peces voladores, y algún que otro salto obligado al agua porque el vaivén de la lancha nos estaba empezando a pasar factura, Aarón guiñó guiño…. Como descanso, paramos en una islita para bañarnos con calma en aguas turquesas y comer allí mismo, antes de salir a buscar más animales una última vez. No hubo suerte esa segunda ronda, así que pusimos rumbo de vuelta a Maafushi con la sensación de haber conseguido el objetivo de ver al tiburón ballena en libertad.

 

Álvaro en la isla local.
Álvaro en la isla local.

 

Ya en el hotel, ducha rápida y cena en Tandoori Taste — repetimos con pad thai, y volvió a estar buenísimo. Cerramos el día recogiendo las fotos de la excursión y viendo la puesta de sol desde la playa.

 

Atardecer en Maafushi.
Atardecer en Maafushi.

Día 4: Bautismo de buceo en Maafushi

Este fue, sin duda, otro de los mejores días de todo el viaje. Antes de meternos en faena, aprovechamos la mañana para relajarnos en la piscina de la azotea del hotel, con esas vistas que ya empezaban a hacernos sentir que estábamos en Maldivas de verdad.

 

Aarón en la piscina del hotel.
Aarón en la piscina del hotel.

 

El plan (D)el día era especial por un motivo concreto: Álvaro iba a bucear por primera vez en su vida. Y no os vamos a engañar, fue con bastante miedo encima. Aarón, por su parte, ya había buceado antes y tiene el curso de una estrella de FEDAS, así que llegaba con algo más de rodaje. Salimos en barco hasta un punto cercano a Maafushi y, mientras esperábamos a que el primer grupo terminara su inmersión, hicimos snorkel por nuestra cuenta. En cuanto nos tocó el turno, empezó el bautismo de Álvaro.

 

Álvaro antes de bucear.
Álvaro antes de bucear.

 

Bajamos hasta 18 metros, y el miedo se le pasó casi tan rápido como había llegado: se soltó enseguida y acabó disfrutando muchísimo de la inmersión. Ahí abajo nos encontramos con una tortuga, cientos de peces, corales de todo tipo, y hasta varios peces payaso y peces cirujano tipo Dory nadando entre ellos. El momento más gracioso del día fue cuando: uno de los peces payaso se encaró literalmente con Álvaro, más territorial que ninguno — normal, teniendo en cuenta que se había plantado justo al lado de su anémona. Fue de esas experiencias que no podemos recomendaros más nosotros lo reservamos aquí.

 

Álvaro a 18 metros.
Álvaro a 18 metros.

 

Por la tarde le bajamos el ritmo: paseamos por Maafushi, paramos en una cafetería a tomar un frappé y un batido en la cafetería de Maldives Fellas, y ya al final del día salimos a ver la puesta de sol y a cenar con unas amigas que habíamos hecho durante la excursión del tiburón ballena. Un día perfecto de principio a fin. Álvaro había descubierto un mundo bajo el agua (literalmente….)

 

Atardecer en Maldivas.
Atardecer en Maldivas.

Día 5: La actividad que no os recomendamos

Como os avisamos al principio del artículo, no todo iba a ser perfecto, y este fue el día que para nada lo fue. Nosotros intentamos evitar a toda costa este tipo de actividades, pero aquí no nos quedó otra: teníamos reservado un buceo en un barco hundido, y el proveedor original nos dejó tirados a última hora. Fue el propio hotel quien nos recolocó en otra actividad completamente distinta, y acabamos metidos en una auténtica turistada que no vamos a recomendar ni a mencionar por su nombre.

 

Tiburones nodriza.
Tiburones nodriza.

 

Y aquí toca ser honestos, porque es justo lo que intentamos hacer siempre en PlanDviajero: no nos gustó nada. La actividad se basaba en alimentar a los animales para asegurar el avistamiento a los turistas, algo muy alejado del enfoque ético que habíamos visto en otras excursiones del viaje, como la de Secret Paradise Maldives o la del propio tiburón ballena. Los animales que vimos estaban allí porque ya los han acostumbrado a que les den de comer, y los grupos van con la garantía de que, con comida de por medio, el avistamiento está asegurado. Lo único que sí nos pareció bien fueron unos delfines que nadaban en libertad por la zona mientras navegábamos, sin ser alimentados en ningún momento.

 

Grupo de delfines.
Grupo de delfines.

 

Lo mejor del día, sin duda, fue la parada en Fulidhoo, una isla local en el atolón de Vaavu, donde paramos a comer. Después acabamos en una lengua de arena en pleno océano, y ahí se notó bastante nuestra forma de viajar: mientras buena parte del grupo se dedicaba a las típicas fotos con dron y a correr por la arena para la foto perfecta, nosotros preferimos recorrer la lengua de arena caminando y volver al agua a hacer un poco más de snorkel por nuestra cuenta.

 

Lengua de arena.
Lengua de arena.

 

Cerramos el día de vuelta en el hotel, cenando de nuevo con nuestras amigas de la excursión del tiburón ballena: una mariscada en la playa, justo enfrente del hotel. Un lujo que ayudó bastante a que el día no se quedara solo con el mal sabor de boca de la mañana.

 

Cena en la playa.
Cena en la playa.

🤿

Tu primer bautismo de buceo en el océano Índico

Si nunca has buceado, Maldivas es el sitio perfecto para empezar. Este bautismo de buceo en Maafushi te lleva a 12 metros de profundidad con monitor certificado, donde puedes cruzarte con tiburones, tortugas y todo lo que esconde el arrecife.

Día 6: Vuelta a Malé

Nos despertamos con el día un poco revuelto, y no solo por el cielo encapotado de esa mañana: nos daba pena de verdad dejar Maafushi. Después de cuatro noches allí, la isla había dejado de sentirse como un destino de paso y se había convertido casi en nuestra casa durante el viaje — conocíamos ya las calles sin apenas coches, sabíamos dónde parar a comer algo rápido y hasta habíamos hecho amigas por el camino. Despedirse de todo eso, aunque fuera solo por unos días de viaje, siempre cuesta un poco más de lo que uno espera.

 

Amanecer en Maafushi.
Amanecer en Maafushi.

 

Antes de coger el ferry aprovechamos la mañana para cerrar los últimos pendientes: nos faltaban algunos recuerdos por comprar para la familia, así que dimos una última vuelta por las tiendas de la isla, y nos permitimos un último paseo tranquilo por Maafushi, casi sin rumbo, solo para despedirnos bien. Con todo hecho, pusimos rumbo al puerto y cogimos el ferry local que nos devolvería a la capital. El trayecto, como siempre, dio para ir viendo el mar cambiar de tonos y despedirnos mentalmente del atolón de Malé Sur, que había sido nuestra base durante casi toda la semana.

 

Interior ferry local de Maldivas.
Interior ferry local de Maldivas.

 

Ya en Malé, decidimos repetir para comer en Zituoni Restaurant, el mismo restaurante donde habíamos cenado la primera noche del viaje. Nos pareció un cierre de círculo bonito: volver justo al sitio donde todo había empezado, ahora con la maleta llena de recuerdos y la piel bastante más morena, o quemada, que una semana antes. Por la tarde nos lo tomamos con calma, sin prisa por hacer nada en concreto — después de varios días muy activos entre snorkel, buceo y excursiones, apetecía simplemente pasear por la ciudad sin prisa. Paramos en una cafetería a por un frappé y un matcha, y ya con la tarde cayendo nos recogimos pronto en el hotel. Tocaba descansar y preparar las maletas: al día siguiente nos esperaba el vuelo de vuelta a casa, y con él, el final de esta aventura por Maldivas.

Día 7: Vuelta a casa

Última mañana en Maldivas y último vuelo de un viaje que en realidad había empezado semanas atrás en Sri Lanka. Volvimos a Madrid con Etihad, con escala en Abu Dhabi, y como despedida el viaje nos dejó una última anécdota: en algún punto del trayecto le rompieron la maleta a Aarón. Nuestra pobre maleta vietnamita…

 

Y con eso se cerraba nuestra ruta por Maldivas en 7 días. Todavía hoy no sabríamos decir qué nos gustó más, si las profundidades y la fauna de Maldivas o los templos y safaris de Sri Lanka. Lo que sí sabemos con certeza es que volvimos enamorados de las dos.

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Consejos y recomendaciones para viajar a Maldivas por libre

Después de una semana moviéndonos por islas locales, en ferries públicos y unas cuantas excursiones (buenas y no tan buenas), estos son los consejos que más nos habría gustado leer antes de organizar nuestro propio viaje:

  • Cambia dinero en el aeropuerto, aunque no es imprescindible llevar efectivo. Nos llevamos la sorpresa de que el cambio que nos dieron en el propio mostrador del aeropuerto de Malé fue mejor que el que aparecía en Google, así que si vais a cambiar euros a rufiyaas, hacedlo ahí mismo. Dicho esto, no hace falta ir cargados de billetes: tanto en Maafushi como en Malé pudimos pagar con tarjeta (nosotros usamos Revolut) en prácticamente todos los sitios. Aun así, siempre recomendamos llevar algo de efectivo encima para excursiones, propinas o negocios locales que no tengan datáfono.

 

  • Elegid bien el operador en las excursiones con fauna salvaje. La diferencia entre ver un tiburón ballena con 5 personas en la lancha o con quince lanchas alrededor es enorme, y lo comprobamos nosotros mismos. Antes de reservar, preguntad cuántas personas suele llevar el grupo.

 

  • Preguntad siempre si la actividad incluye alimentar a los animales. Es la pregunta que a nosotros nos habría ahorrado la peor experiencia del viaje. Si la respuesta es sí, nuestro consejo es que la evitéis: no es turismo responsable, por muy bonito que se vea en las fotos.

 

  • Tened siempre un plan D para las excursiones. Los proveedores locales a veces cancelan o cambian de última hora, y en Maldivas no siempre hay muchas alternativas cerca. No os la juguéis todo a una sola opción si podéis tener un buen plan en la recámara.

 

  • Valorad una base fija en vez de saltar de isla en isla. A nosotros nos funcionó muy bien quedarnos en Maafushi casi toda la semana y organizar las excursiones importantes como salidas de día completo. Se pierde menos tiempo y dinero en traslados (ya que las lanchas tienen un precio muy elevado) y equipaje.

 

  • Los ferries públicos son la opción más barata, pero tienen pocos horarios. Sobre todo los viernes, donde el servicio se reduce bastante. Consultad los horarios con el alojamiento con antelación para no quedaros tirados.

 

  • Respetad la modestia fuera de las zonas de bikini beach. En las islas locales, fuera de las playas señalizadas para turistas, se agradece ir con ropa algo más cubierta — forma parte de la cultura del lugar y es una forma sencilla de ser buen viajero.

 

  • Lleva protector solar reef-safe. El sol en Maldivas no perdona, pero los protectores solares convencionales dañan los arrecifes de coral que precisamente vais a ir a ver. Es un gesto pequeño que marca la diferencia.

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No te pierdas las mejores excursiones del destino

Si quieres sacarle el máximo partido al viaje, aquí puedes encontrar una selección de excursiones y actividades para no perderte nada.

Lo que más y menos nos ha gustado de Maldivas

Sabemos que es fácil dejarse llevar cuando un destino te enamora tanto como nos ha pasado a nosotros con Maldivas, pero como siempre intentamos contar lo bueno y lo no tan bueno tal cual lo vivimos. Porque sí, es un destino espectacular, pero también tiene sus contras.

 

👍 Lo que más nos ha gustado:

 

La cantidad de fauna y los ecosistemas submarinos. Sin duda, lo mejor de todo el viaje. Tiburón ballena, mantarrayas, tortugas, peces payaso, arrecifes de coral llenos de vida… en muy pocos días vimos más biodiversidad marina que en cualquier otro destino que hayamos visitado.

Islas que son un auténtico paraíso. Sitios como la isla local de Fulidhoo nos dejaron con la boca abierta: islas casi vírgenes, de una belleza que cuesta describir, con aguas tan cristalinas que parecen retocadas y no lo están.

Entender de primera mano la fragilidad de estos ecosistemas. Gracias sobre todo al tour con Secret Paradise Maldives, aprendimos de cerca lo delicados que son arrecifes como los que están intentando recuperar en Villimalé, y cómo se puede visitar Maldivas siendo un poco más responsables con todo esto.

 

Cartel de concienciación.
Cartel de concienciación.

 

👎 Lo que menos nos ha gustado:

 

El problema de la basura y su tratamiento. Es una de esas cosas que no se cuentan tanto en las fotos bonitas de Maldivas, pero que se nota bastante sobre el terreno: el país tiene un problema serio de gestión de residuos que contrasta fuerte con la imagen de paraíso que se vende fuera.

Poca oferta de ocio en las islas locales. En sitios como Maafushi, olvidaos de cócteles al atardecer o de la variedad de actividades acuáticas que sí tienen los resorts privados; la oferta de ocio nocturno y de planes más allá del mar es bastante limitada.

La falta de conciencia en muchas actividades con animales. Nos encontramos con demasiadas empresas a las que no les importa alimentar a la fauna salvaje con tal de asegurar el avistamiento a los turistas, sin pensar demasiado en el impacto que eso tiene sobre los propios animales.

 

La realidad en Maldivas.
La realidad en Maldivas.

Y así se cerró nuestra semana en Maldivas: con más fauna de la que imaginábamos, alguna decepción de por medio y, sobre todo, unas ganas locas de volver. Si además vienes de leer esto y todavía no conoces la primera parte de esta aventura asiática, te recomendamos echarle un ojo a nuestro itinerario por Sri Lanka, con templos, safaris y unos cuantos PlanD propios también.

Si te animas a montar tu propia ruta por Maldivas, ya sabes dónde encontrarnos para lo que necesites. Y es que, como bien dice nuestro nombre, siempre hay un PlanD para cuando el viaje se tuerce. ¡Nos leemos en el próximo viaje!

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