Si buscas los pueblos más bonitos de Lanzarote, lo primero que imaginas son volcanes y playas. Y sí, todo eso está. Pero lo que no te esperas hasta que llegas es la cantidad de rincones que tiene la isla, cada uno con su carácter propio y su color de puertas y ventanas — verdes en el interior, azules en la costa. Nosotros estuvimos 4 días recorriendo la isla de punta a punta y lo que más nos sorprendió no fue el Timanfaya ni las playas de Papagayo, sino descubrir que los pueblos del norte y del interior son un mundo aparte. Si eso es lo que buscas, el Plan D está aquí
Lanzarote, Islas Canarias.
- 1. Los 10 pueblos más bonitos de Lanzarote
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- 1.1. Teguise
- 1.2. Yaiza
- 1.3. San Bartolomé
- 1.4. Tinajo
- 1.5. Arrecife
- 1.6. Haría
- 1.7. Órzola
- 1.8. El Golfo
- 1.9. Famara
- 1.10. Punta Mujeres
- 1.11. Organiza tu viaje a Lanzarote
Los 10 pueblos más bonitos de Lanzarote
Teguise
Teguise es probablemente el pueblo más bonito de Lanzarote y uno de los declarados como tal a nivel nacional. Nosotros lo visitamos dos veces: una entre semana para verlo tranquilo, paseando por su amplia Plaza de la Constitución y asomándonos a la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe con esa torre tan reconocible que se ve por todo el pueblo, y otra en domingo para el mercadillo. Y el mercadillo sí que merece la visita: ropa, artesanía, especias, quesos, frutas tropicales que no ves en la península… el pueblo se llena de vida de una forma que cambia completamente el ambiente. Eso sí, aparcar en domingo es una odisea — nosotros tuvimos suerte con una calle residencial, pero id con tiempo.
La iglesia data del siglo XV y es el símbolo más icónico del pueblo: interior completamente blanco y la Virgen de Guadalupe presidiendo las tres naves. También está el Castillo de Santa Bárbara en lo alto, aunque lleváis papeletas de encontrarlo cerrado por obras — lleva así desde 2020 y prometían 8 meses. Si tenéis suerte y está abierto, no os lo perdáis. Y si os gustan los souvenirs con personalidad, en Teguise encontraréis licor de cactus y quesos locales que son de lo mejor que os podéis llevar de la isla.
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Si solo tienes un día para la isla, este tour con entradas incluidas cubre lo más imprescindible: Timanfaya, la Cueva de los Verdes y los Jameos del Agua, con recogida en el hotel.
Yaiza
Seguimos con nuestra ruta de los pueblos más bonitos de Lanzarote con Yaiza. Se encuentra en el borde del área sepultada por las erupciones volcánicas de 1730 y 1736 — las mismas que dieron origen al Timanfaya — y ese contraste entre las casas blancas con puertas y ventanas verdes y el paisaje negro volcánico que lo rodea es de los más fotogénicos de toda la isla. Tiene diversos premios de embellecimiento: sus calles están muy cuidadas, con flores en las fachadas y jardines en mitad de un paisaje tan árido.
El centro del pueblo gira en torno a la plaza del ayuntamiento, donde está la parroquia de Nuestra Señora de los Remedios, sencilla y bonita, con esa arquitectura canaria tan característica. La crónica fundamental de las erupciones del Timanfaya fue narrada por el entonces párroco de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo. Nosotros lo usamos como parada antes de entrar al Timanfaya y fue la decisión correcta: llegas con contexto y encima te haces las mejores fotos del día.
Si vas a visitar el Parque Nacional de Timanfaya — que deberías, te lo contamos todo en nuestro post del Timanfaya. Eso sí, reserva las entradas con antelación porque se agotan, especialmente en temporada alta. Si prefieres verlo todo organizado y sin preocupaciones, esta excursión express por el sur de Lanzarote cubre Yaiza, el Timanfaya y los alrededores en un solo día.
San Bartolomé
San Bartolomé fue nuestro cuartel general durante los 4 días en Lanzarote. Está en el centro geográfico de la isla, lo que lo convierte en una base perfecta para llegar a cualquier punto sin perder demasiado tiempo — en menos de una hora llegas a cualquier lugar de Lanzarote. El pueblo en sí es tranquilo, con calles bien cuidadas y sin la saturación turística de la costa, y por las noches tiene una calma que se agradece después de un día de ruta.
La visita imprescindible es la Casa Museo del Campesino, una de las obras de César Manrique en la isla y de las que más nos gustó. Es un homenaje a los campesinos de Lanzarote que combina arquitectura tradicional canaria, artesanía, gastronomía y el icónico Monumento al Campesino en la entrada — una escultura blanca enorme que se ve desde la carretera. El acceso es libre y gratuito, igual que el parking, así que no hay excusa para no parar. Eso sí, si vais en temporada baja puede que los talleres de artesanía estén cerrados, como nos pasó a nosotros.
Para el casco histórico merece la pena buscar la Casa Palacio del Mayor Guerra y la plaza del ayuntamiento, que tienen ese encanto de pueblo canario auténtico que tan difícil es encontrar en los destinos más turistificados de la isla. Y si os quedáis con ganas de más, los viñedos de La Geria están a un paso — un paisaje de cepas en hoyos volcánicos rodeadas de muretes de piedra negra es de los más singulares que veréis en toda España.
Tinajo
Tinajo es uno de esos municipios que la mayoría de turistas cruzan sin pararse camino al Timanfaya, y es un error. Nosotros lo cruzamos varias veces y en uno de esos días paramos a comer en el Teleclub de Mancha Blanca — uno de los restaurantes del municipio — y fue probablemente una de las mejores comidas de todo el viaje. Papas arrugadas, ropa vieja de pulpo, batata frita, carne de cochino y vino semidulce de la tierra por 45€ entre tres personas. Los teleclubs son los guachinches de Lanzarote: comida casera, trato cercano y precios que no te esperarías.
El Tinajo, al igual que la mayor parte de la isla, carga con una historia volcánica intensa — las erupciones de 1730 a 1736 sepultaron bajo la lava buena parte de sus aldeas — y de ahí viene la devoción a la Virgen de los Dolores, patrona de toda Lanzarote, que tiene su ermita en Mancha Blanca. Una parada curiosa y diferente si os apetece saliros del guión turístico habitual.
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La isla se disfruta mucho más a tu ritmo, así que aquí tienes un comparador de confianza para encontrar la mejor oferta con precio final y cancelación gratuita.
Arrecife
Arrecife es la capital de Lanzarote y, siendo sinceros, no es el destino más espectacular de la isla — pero tiene su encanto si sabes dónde mirar. Nosotros la visitamos dos veces: una noche para cenar y dar un paseo, y otra para quedar con un amigo del padre de Aarón que vive allí y que nos dio los mejores consejos locales del viaje. Eso es lo que tiene conocer a alguien de la zona.
El centro neurálgico es el Charco de San Ginés, una laguna natural de agua salada rodeada de casitas blancas de pescadores con el paseo marítimo lleno de restaurantes y terrazas. Tiene más encanto del que aparenta en las fotos, sobre todo al atardecer cuando el agua refleja las fachadas blancas y las barcas ancladas. La zona fue remodelada por César Manrique — como casi todo en Lanzarote — y se nota en los detalles. Nosotros cenamos la primera noche en el restaurante Malecón, justo ahí: la comida estaba bien pero los precios eran un poco elevados para lo que daban. La segunda visita fuimos a La Miñoca y esa sí nos convenció mucho más — queso frito, croquetas, gambas al ajillo y arepas a buen precio con vistas al Charco. De postre, helados. Una noche redonda.
Más allá del Charco, Arrecife tiene historia de sobra. Era un pequeño puerto pesquero desde el siglo XV y fue ganando peso hasta arrebatarle la capitalidad a Teguise en 1852. De esa época quedan el Castillo de San Gabriel — en un islote conectado por el famoso Puente de las Bolas — y la Iglesia de San Ginés, que merece conocerla. La ciudad no es perfecta ni mucho menos, y tiene zonas que necesitan una buena reforma, pero tiene esa autenticidad de capital de provincia que no ha sido diseñada para el turismo sino para los que viven en ella. Si queréis entenderla bien y que alguien os cuente su historia con contexto, apuntaros a un free tour es la mejor decisión: Free tour por Arrecife. Nosotros os lo recomendamos sin dudarlo.
Haría
Si tuviéramos que elegir un pueblo favorito de Lanzarote, probablemente ganaría Haría. Fue nuestra parada del primer día y desde que bajamos por la carretera hacia el valle ya entendimos por qué lo llaman el Valle de las Mil Palmeras. De repente, después de kilómetros de paisaje negro y árido, aparece un valle verde con palmeras por todas partes — el microclima del norte de la isla lo convierte en el rincón más fértil y frondoso de todo Lanzarote.
El pueblo en sí tiene una atmósfera especial. Nosotros lo recorrimos a pie perdiéndonos sin rumbo por sus calles blancas — con las puertas y ventanas en verde, como corresponde a un pueblo de interior — y nos sentamos a comer en el Centro Sociocultural La Tegala, en la Plaza León y Castillo frente a la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación. Croquetas caseras, papas arrugadas con mojo, queso del país y una garbanzada, con una Tropical bien fría. Comida canaria de verdad, en un sitio con techo de trabajo artesano precioso y a un precio más que razonable. No busquéis más sitio para comer en Haría — id directamente ahí.
La visita cultural obligada es la Casa Museo de César Manrique, construida en el palmeral en las afueras del pueblo y convertida en museo en 2013. Manrique eligió Haría para vivir sus últimos años — y para ser enterrado — y se entiende perfectamente en cuanto llegas. Si queréis ver lo mejor de su legado en la isla de una vez, esta excursión por Timanfaya y los Jameos del Agua cubre algunas de sus obras más impresionantes en un solo día. Los sábados por la mañana además se monta el mercado artesanal en la plaza, con productos locales, artesanía y agricultura ecológica: si podéis coincidir, no os lo perdáis.
Órzola
Órzola es famoso por ser el puerto de salida de las excursiones a La Graciosa — la octava isla canaria — y la mayoría de la gente lo usa solo como punto de embarque sin detenerse. Error. Nosotros llegamos con tiempo antes del ferry y nos alegró haberlo hecho porque el pueblo tiene una personalidad propia que merece más de un vistazo rápido. Es pequeño, tranquilo y con ese aire marinero auténtico de Lanzarote.
Lo que más nos sorprendió fue el Caletón Blanco, a apenas unos minutos del pueblo. Es una playa de arena blanca rodeada de lava negra volcánica con piscinas naturales de aguas cristalinas y poca profundidad — el contraste de colores es espectacular y el agua tiene una calma que no encuentras en las playas abiertas. Si vais con niños, apuntadlo: las piscinas naturales son perfectas para ellos.
El pueblo en sí vive del mar — buen pescado fresco en sus restaurantes a pie de puerto — y tiene arquitectura típica del norte de la isla con las puertas y ventanas en azul, que indica que es un pueblo costero. Y si os animáis a cruzar el estrecho hasta La Graciosa, en nuestro post de La Graciosa os contamos todo lo que necesitáis saber para organizarlo.
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Si estás en Lanzarote, escaparse un día a La Graciosa es un planD que merece la pena: aquí tienes el ferry de ida y vuelta, con opción de volver el mismo día o quedarte a dormir.
El Golfo
El Golfo fue, otro de los lugares que más nos sorprendió de todo el viaje. No lo habíamos visto demasiado en redes y llegamos sin grandes expectativas — y por eso el golpe fue mayor. Es un pueblo pesquero pequeñísimo, sin gran cosa a primera vista.
El gran protagonista es el Charco de los Clicos, también conocido como Charco Verde o Lago Verde — y a Álvaro, con su ojo biológico para estas cosas, literalmente se le iluminó la cara en cuanto lo vio. Es una laguna de color verde esmeralda dentro del cráter de un volcán, rodeada de acantilados rojizos y negros y con una playa de arena negra al lado. Su color se debe a una comunidad de microalgas que prosperan en el agua salada del cráter — todo un espectáculo para quien entiende de biología y para quien no.
El contraste es tan surrealista que parece editado: verde neón, negro volcánico, rojo oxidado y el azul del Atlántico de fondo, todo en el mismo encuadre. Se ve desde un mirador al que se llega caminando unos 10 minutos desde el aparcamiento. El acceso a la playa está cerrado y bañarse está prohibido al ser reserva natural — desde arriba se disfruta igual y las fotos salen increíbles.
Y hablando de fotos: las casitas blancas de pescadores del pueblo le dieron a Álvaro para un book entero. Hay algo en la luz del atardecer que convierte cualquier rincón en un escenario perfecto. Aquí tuvimos la mejor puesta de sol de los cuatro días en Lanzarote — os lo apuntáis y venís en ese momento del día sí o sí.
Después del mirador quedaos a cenar en el pueblo. Hay varios restaurantes de pescado fresco con terraza mirando al mar y los precios son razonables para lo que ofrecen. Nosotros llegamos con el estómago ya lleno pero nos prometimos volver — y si repetimos Lanzarote, El Golfo es parada fija.
Famara
Famara fue nuestra última parada del primer día y llegamos con las pilas ya bastante gastadas — pero la playa te despierta en cuanto la ves. Es enorme, salvaje y con el Risco de Famara de fondo. No te la esperas tan grande ni tan impresionante.
Lo que más nos llamó la atención fueron los surfistas y kitesurfistas — flipamos con lo alto que llegaban con las olas. El viento es constante y fuerte, así que no es playa para bañarse, sino para pasear, ver las olas y dejarse llevar por ese ambiente de tabla y neopreno.
Eso sí, con el viento hay que tener cuidado con algo que nadie te cuenta: si aparcáis cerca y os entretenéis, podéis volver y encontrar el coche parcialmente sepultado bajo la arena. La carretera de acceso también se llena de arena, así que id despacio.
Desde la orilla además se ve perfectamente La Graciosa al fondo — una vista que da todavía más ganas de coger el ferry desde Órzola y cruzar. Nosotros lo hicimos al día siguiente y fue uno de los mejores planes del viaje.
Punta Mujeres
El último de los pueblos más bonitos de Lanzarote que os queremos mencionar es Punta Mujeres, y lo merece por una razón muy concreta: sus piscinas naturales. La lava volcánica y los muros que construyeron los propios vecinos para protegerlas del mar abierto han creado una especie de parque acuático natural con aguas cristalinas y en calma, perfectas para bañarse sin preocuparse por corrientes. Hay escaleras de acceso y zonas para tomar el sol — ideales si viajáis en familia.
Es un pueblo marinero de casitas blancas junto al mar y barcos de pesca.Si estáis por la zona, a apenas 2 kilómetros tenéis los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes — dos visitas que no os podéis perder y que os contamos al detalle en nuestro post.
Ya veis que Lanzarote tiene mucho más de lo que parece — y eso que aquí solo hemos rascado la superficie de sus pueblos. Si queréis exprimirla al máximo, tenéis nuestro itinerario completo de 4 días en Lanzarote, la guía de La Graciosa y el post de la Cueva de los Verdes para que no se os escape nada. Esto sí que es un verdadero PlanD canario.