La tercera catedral más grande de España. La ciudad con más edificios modernistas después de Barcelona y Melilla. El lugar donde se fundó la primera universidad española. Y aun así, Palencia sigue siendo una de las capitales de provincia menos visitadas del país. Algo no cuadra. O quizás sí: a veces los mejores sitios son los que menos ruido hacen. Nosotros fuimos a comprobarlo y os contamos qué ver en Palencia para que no os pase lo mismo que a casi todo el mundo: perdérosla. Porque esto, definitivamente, es un buen Plan D.
Catedral de San Antolín, Palencia.
- 1. Por qué visitar Palencia capital: la ciudad que sorprende
- 2. Cómo llegar a Palencia y dónde aparcar
- 3. Qué ver en Palencia en un día
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- 3.1. Cristo del Otero
- 3.2. Iglesia de San Miguel y la leyenda del Cid
- 3.3. Iglesia de la Compañía y la Virgen de la Calle
- 3.4. Palacio de la Diputación y el Mercado Central
- 3.5. Monasterio de las Claras y el Cristo que sangra
- 3.6. Plaza Mayor y Calle Mayor
- 3.7. La catedral de Palencia: la bella desconocida
- 3.8. El río Carrión, el Canal de Castilla y el Museo del Agua
- 3.9. Las procesiones de Semana Santa en Palencia
- 4. Dónde comer en Palencia capital
Por qué visitar Palencia capital: la ciudad que sorprende
Palencia lleva décadas siendo la gran ignorada del turismo castellano. Mientras Burgos, Salamanca o Segovia acaparan turistas y colas en los monumentos, Palencia sigue siendo una de las capitales de provincia menos visitadas de España. Y eso, para el viajero pro, es una noticia excelente.
Con la historia de la ciudad tendríamos para horas: los romanos se asentaron aquí en el siglo III a.C., los visigodos trajeron el segundo obispado más importante de Hispania después de Toledo, y en 1212, tras la batalla de las Navas de Tolosa, Alfonso VIII otorgó tal privilegio a la ciudad que aquí se fundó la primera Universidad de España. Un dato que muy poca gente conoce y que ya puedes fardar de saber.
La ciudad tiene además dos grandes versiones que conviven perfectamente: la religiosa y la modernista. La primera es evidente desde el primer vistazo — iglesias, conventos, una catedral que es la tercera más grande de España — pero la segunda sorprende: Jerónimo Arroyo, arquitecto palentino que bebía del modernismo catalán y cuyo profesor era amigo de Gaudí, dejó en Palencia uno de los conjuntos modernistas más importantes del país, solo superado por Barcelona y Melilla.
Y luego está la gastronomía. Lechazo, menestra de verduras palentina y la morcilla — que tanto Palencia como Burgos se atribuyen. Nosotros ya conocíamos la burgalesa de nuestra escapada por la provincia de Burgos, y en Palencia tuvimos que hacer la comparativa. El veredicto, como siempre entre nosotros, no fue unánime. Aún no os diremos cuál es mejor…
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Cómo llegar a Palencia y dónde aparcar
Palencia está a menos de 250 kilómetros de Madrid y tiene varias opciones para llegar, aunque si vais a recorrer la provincia en coche — como hicimos nosotros — el vehículo propio es sin duda tu mejor opción.
En coche desde Madrid se tarda entre 2 y 2,5 horas por la A-62 dirección Valladolid enlazando con la A-67 hacia el norte. La ruta es fácil y sin complicaciones.
Para aparcar en Palencia, nuestra recomendación es el Parking Estación Pequeña: muy amplio, bien ubicado y a muy buen precio. Es la opción más cómoda si queréis dejar el coche sin preocupaciones. Nosotros tuvimos suerte y encontramos aparcamiento gratuito al lado del Museo del Agua, donde hay un par de zonas libres, pero ojo: si llegáis tarde no encontraréis nada. La zona azul del casco histórico tampoco suele estar demasiado saturada, aunque en festivos y Semana Santa la cosa cambia.
En tren desde Madrid Chamartín hay servicios directos operados por Renfe con AVE, Alvia y AV City. El trayecto más rápido dura 1h 18min con precios desde unos 25€. Hay hasta 13 trenes diarios con salidas desde las 7:00 hasta las 22:14h. Puedes buscar billete en este enlace.
En autobús la ruta desde Madrid con salidas regulares a lo largo del día. El trayecto dura aproximadamente 3 horas desde unos 11€. Una buena opción si el presupuesto manda y no tenéis prisa.
Nuestra recomendación: si vais solo a la capital, el tren es la opción más cómoda y rápida. Si como nosotros queréis ver la capital y juntarlo con pueblos de la provincia, el coche es imprescindible.
Qué ver en Palencia en un día
Cristo del Otero
Lo primero que llama la atención es el tamaño. Sabías que era grande, pero hasta que no lo tienes delante no entiendes lo grande que es realmente. 21 metros de Cristo postcubista con influencias del Art Déco y el arte egipcio, obra del escultor palentino Victorio Macho e inaugurado en 1931 — el mismo año que el Cristo Redentor de Río de Janeiro. Hasta ese momento, el Cristo del Otero era el más alto del mundo. Hoy sigue siendo el más alto de España. Un dato que muy poca gente conoce.
Tiene algún detalle que inquieta: los brazos abiertos sobre la ciudad y, sin ojos. Esa ausencia es deliberada y tiene un efecto extraño cuando te quedas mirándolo de cerca. Los ojos por falta de presupuesto, y los brazos, abrazan la ciudad de Palencia. No se puede subir hasta la base, pero las vistas desde el cerro ya justifican la subida.
Visitamos la exposición del Centro de Interpretación Victorio Macho — entrada gratuita — con bocetos, fotografías y moldes de su carrera. El escultor está enterrado por voluntad propia a los pies de su obra más importante. Y luego la ermita, donde la imagen interior del Cristo nos sorprendió más que la estatua exterior: una talla de un realismo súper impactante.
El aparcamiento del cerro es pequeño, así que si está lleno hay un autobús lanzadera gratuito que sube desde la ciudad.
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Iglesia de San Miguel y la leyenda del Cid
Desde lejos parece un castillo, o una iglesia normal… ¡Pero no! Cuenta con torre almenada, como una atalaya medieval, y no es casualidad: durante siglos fue exactamente eso, una torre de vigilancia sobre la antigua muralla. No defensiva, sino de vigía. Para ver quién se acercaba, no para aguantar un asedio.
La encontramos cerrada, una pena, porque por fuera ya impresiona. Construida en estilo tardorrománico con transición al gótico, guarda además una de las leyendas más bonitas de Castilla: aquí se casaron el Cid Campeador y Doña Jimena. No hay documentos que lo prueben — Burgos también lo reivindica — pero la leyenda ha calado tan hondo que generaciones de palentinos han llamado Rodrigo y Jimena a sus hijos. Y que todavía hoy se celebran bodas aquí convencidos de estar pisando los mismos adoquines que el Cid. Nos encantó esa parte.
Iglesia de la Compañía y la Virgen de la Calle
La fachada es enorme, y muy simple. Algo que ya de primeras nos dejó impresionados. Pero cuando entramos al interior nos volvimos a sorprender con una sola nave gigante, cubierta de yeserías y presidida por un retablo mayor barroco del siglo XVIII tallado en madera por Pedro de Bahamonde. Construida entre 1584 y 1599 por la Compañía de Jesús siguiendo el modelo de la iglesia madre de la orden en Roma, es Bien de Interés Cultural desde 1982 y entrada gratuita.
Pero el protagonista no es el retablo, sino la imagen más pequeña de todo el conjunto: la Virgen de la Calle, patrona de Palencia. Una talla anónima del siglo XV de apenas 41 centímetros, ennegrecida por el tiempo — de ahí que los palentinos la llamen cariñosamente La Morenilla — sostenida por cuatro ángeles barrocos del siglo XVIII. Hay una imagen suya colocada también en la fachada exterior haciendo honor a su nombre (de la Calle), por si la encontráis cerrada.
Nosotros la visitamos dos veces: por libre por la mañana y luego con el guía en el free tour, que nos dio el contexto que le faltaba a la visita. Y para cerrar el día, la Virgen salió en procesión al atardecer, uniéndose al resto de imágenes de la ciudad camino a la catedral.
Palacio de la Diputación y el Mercado Central
El Palacio de la Diputación es probablemente uno de los edificios más bonitos de Palencia y, curiosamente, uno de los que más pasan por alto los turistas. Obra maestra de Jerónimo Arroyo (como casi toda la ciudad), fue inaugurado en 1914 y construido en piedra de Hontoria, ladrillo, hierro y cristal, mezcla modernismo, elementos neoclásicos y renacentistas con influencias barrocas.
La fachada principal es preciosa, con tres arcos de medio punto en las puertas y una balconada decorada. Y aquí viene el detalle que más nos llamó la atención: las esculturas y balconadas están impresas, es decir, fabricadas con moldes de piedra artificial. Una técnica que permitía reproducir ornamentos de forma más económica y que Arroyo dominaba como nadie. Cuando lo sabes, empiezas a buscarlo por toda la calle Mayor y lo encuentras en todas partes.
A pocos pasos está el Mercado Central, un mercado de toda la vida donde todavía resisten negocios que llevan décadas en el mismo puesto. Producto local, puestos de temporada y ese ambiente que los centros comerciales nunca podrán replicar.
Aquí fue donde Pilar, la madre de Álvaro, descubrió las rosquillas de palo — uno de los dulces más tradicionales de Palencia, con textura crujiente, toque anisado y una capa de azúcar caramelizado que las convierte en el snack perfecto para la ruta. Álvaro y Aarón no se pudieron resistir. Spoiler: no llegaron enteras al hotel.
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Monasterio de las Claras y el Cristo que sangra
Otro monumento cerrado en Semana Santa. Sí, habéis leído bien. El Monasterio de las Claras, cerrado durante las fiestas religiosas más importantes del año. La incongruencia nos sigue persiguiendo por Palencia y ya nos habíamos acostumbrado, pero esta nos dolió especialmente.
Porque este sitio tiene dos leyendas que no encontraréis en casi ningún otro lugar de España. La primera es la de Margarita la Tornera: una novicia que abandonó el convento para seguir a su amado y a la que la Virgen cubrió las espaldas haciéndose pasar por ella mientras estuvo fuera. Nadie notó su ausencia. Zorrilla la convirtió en una de sus obras más conocidas.
La segunda es la del Cristo de las Claras, también llamado Cristo de la Buena Muerte: una talla yacente articulada de 1,40 metros encontrada según la tradición flotando en el Mediterráneo en el siglo XV, guardada hoy en una urna de cristal en su propia capilla. Dicen que le crece el pelo y uñas. Que le sangran las llagas. Que solo hay otros tres cristos articulados como este en toda España.
No pudimos verlo. Pero os lo ponemos como imprescindible si vais fuera de festivos. La iglesia abre todos los días de 8:30 a 20:00h y la entrada es gratuita. Aprended de nuestros errores / malas suertes.
Plaza Mayor y Calle Mayor
Estábamos paseando tranquilamente por la Plaza Mayor cuando nos dimos cuenta de que algo se estaba preparando. En uno de los laterales, desde la Iglesia de San Francisco, empezaba a salir la procesión del Santo Vía Crucis. El Cristo de la Misericordia salía a la calle y la plaza entera se llenó de cofrades, banda de música y palentinos que se asomaban a ver pasar la comitiva.
La Plaza Mayor en sí es más explanada que plaza, muy simétrica, con el Ayuntamiento cerrando uno de los lados. Muy poco transitada, comparado con otras que ya conocíamos.
Pero el verdadero espectáculo está en la Calle Mayor. Casi un kilómetro de soportales, peatonal de extremo a extremo, que es básicamente un museo modernista al aire libre. Y el responsable de todo tiene nombre: Jerónimo Arroyo, nacido en esta misma calle en 1871, arquitecto municipal y diocesano de Palencia, cuyo profesor en Barcelona fue Lluís Domènech i Montaner — el mismo círculo de Gaudí.
Obtuvo el título en 1899 y prácticamente no paró de construir hasta su muerte en 1946. Su firma está en todas partes: la actual Oficina de Turismo es su propio taller y estudio, con el rótulo «Arroyo y Gallego» todavía visible entre el primer y segundo piso.
El Colegio de Villandrando, con su reinterpretación del gótico veneciano y un friso cerámico de Daniel Zuloaga. El Consejo de Cuentas con sus balcones de hierro forjado y vidrieras de colores. La Casa García Germán, inaugurada en 1916, que fue sede del Gobierno Civil y tiene un interior único que no podréis ver porque es privado.
La catedral de Palencia: la bella desconocida
Si hay un sitio en Palencia que resume perfectamente por qué esta ciudad merece mucho más reconocimiento del que tiene, ese es su catedral. La tercera más grande de España después de Toledo y Sevilla. Y ya os lo contamos antes, pero no nos cansaremos de repetir, ¡es impresionante!
Antes de entrar, parad un momento en el exterior y buscad las gárgolas. Entre los pináculos de la cabecera gótica asoman criaturas de otro mundo — demonios, seres fantasmagóricos, un esqueleto — y una que no tiene ningún sentido estar ahí: un fotógrafo con su cámara. La colocó Jerónimo Arroyo durante la restauración de principios del siglo XX como homenaje a un amigo palentino que murió haciendo fotos en el tejado de la catedral.
El mismo Arroyo que firmó la mitad de los edificios de la Calle Mayor. En la fachada de la Plaza de Cervantes hay otra sorpresa: buscad la Puerta de los Reyes y encontraréis aliens. Sí, figuras que parecen sacadas de una película de ciencia ficción esculpidas en piedra medieval. Palencia no deja de sorprender.
Por dentro, la catedral es en realidad tres edificios en uno. Los cimientos son visigodos del siglo VII, encima se construyó una catedral románica en el siglo XIII, y encima de esa la catedral gótica que empezó en el XIV y tardó dos siglos en terminarse — con añadidos renacentistas, barrocos y una portada neoclásica final que no tiene nada que ver con el resto pero que cierra el conjunto. Trece siglos de historia acumulados en el mismo edificio y, paradójicamente, una coherencia visual que enamora.
Lo que no podéis perderos de ninguna manera es la cripta de San Antolín: una cueva visigoda excavada bajo el altar mayor, con dos columnas decoradas que son los cimientos más antiguos del templo y una atmósfera de colores, luces y formas que no te esperas encontrar ahí abajo. La leyenda cuenta que un rey de Navarra persiguiendo un jabalí entró en esta cueva y al arrojar su lanza se le paralizó el brazo. Lo calificó de lugar sagrado. Aquella cueva es hoy la cripta.
Y luego está el sarcófago de la Reina Doña Urraca, en madera policromada con colores increíblemente vivos para tener varios siglos de antigüedad. A sus pies, el sepulcro de Inés de Osorio y su sirvienta. En el Museo Catedralicio, un cuadro de El Greco y un díptico de Berruguete. Aquí Aarón se quedó con esta catedral. Álvaro, fiel a la de Burgos. Para variar, no nos pusimos de acuerdo.
La visita os llevará entre hora y media y dos horas si la hacéis despacio, que es como hay que hacerla. Os recomendamos reservar con antelación porque el aforo es limitado y en temporada alta se puede agotar. Podéis hacerlo aquí: visita guiada por la Catedral de Palencia.
Horarios: lunes a sábado de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00h. Domingos y festivos de 10:00 a 13:00 y de 16:00 a 20:00h. Martes cerrado por la tarde. Entrada general: 6€, reducida 5€, menores de 12 años gratis.
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Con guía, tiene otro nivel: esta visita guiada por la catedral descubre sus tesoros arquitectónicos e incluso restos de la época visigoda en la cripta.
El río Carrión, el Canal de Castilla y el Museo del Agua
Para cerrar el día, podéis optar por un paseo sin prisa por la orilla del río Carrión. Palencia tiene esa virtud de las ciudades que saben convivir con su río: un parque verde, caminos para pasear, y una calma que contrasta con las grandes ciudades. El Museo del Agua está justo aquí, en la antigua dársena del Canal de Castilla — y es gratuito, por si os animáis a entrar.
Y es que el Canal de Castilla no es solo lo que visteis en Frómista: su Ramal Sur llega hasta la mismísima Palencia capital, terminando en esta dársena que durante el siglo XVIII y XIX fue un punto de carga y descarga del trigo castellano camino a los puertos del norte. La gran obra de ingeniería hidráulica de la España Ilustrada, 207 kilómetros construidos entre 1753 y 1849, tiene aquí uno de sus puntos finales.
Las procesiones de Semana Santa en Palencia
No estaba en el plan. Salimos de la catedral, bajamos hacia el centro y nos encontramos con que las calles empezaban a llenarse de gente. Y entonces apareció la primera virgen. Y luego otra. Y otra más.
La Semana Santa de Palencia tiene algo que no hemos visto en ningún otro sitio: todas las vírgenes de la ciudad salen a la calle y se van encontrando por el camino, esperándose las unas a las otras, uniéndose en cortejo hasta llegar juntas a la catedral. Una procesión que se va construyendo sola mientras avanza por las calles. Cada encuentro entre imágenes tiene su propio protocolo, su música, su momento. Y la gente que llena las aceras lo vive con una devoción que se te contagia aunque no seas creyente.
Las mujeres que acompañan las procesiones llevan la banderola dorada, una tradición que se remonta al siglo XIV: quien la portaba no tenía que postrarse ante el rey. Hoy sigue siendo un símbolo de identidad palentina que las mujeres de las cofradías llevan con orgullo.
¡Ya era hora de que tuviéramos suerte con algo!
Dónde comer en Palencia capital
Antes de contaros dónde comimos, os contamos sobre la gastronomía palentina. Palencia es tierra de cocina tradicional y de producto: el lechazo churro asado en horno de leña — de raza churra, con denominación de origen propia — es el plato estrella indiscutible. La menestra palentina tiene su propia personalidad gracias al rebozado de las verduras, una técnica que la distingue del resto de menestras castellanas. La morcilla — que aquí también dicen que la original es de aquí, como en Burgos, aunque la palentina no lleva arroz y tiene un sabor completamente diferente — y los productos de la matanza completan una mesa que no deja indiferente a nadie. Y para los que quieran ir más allá: las legumbres de Tierra de Campos, los cangrejos de Herrera de Pisuerga y las patatas a la importancia son otros clásicos que merece la pena probar.
Para comer elegimos el Bar Los Candiles de Toño, uno de los restaurantes más conocidos de la capital y con fama bien ganada. Cocina palentina de producto local, ambiente animado y una carta que te hace dudar en cada plato. Nuestra recomendación: reservad con antelación, porque sin reserva es muy fácil quedarse en la puerta.
Pedimos carrilleras en salsa, que estaban muy buenas. La menestra de verduras palentina, que llevábamos días comiendo por la provincia y aquí fue de las mejores versiones que encontramos. Pulpo con puré de patata, una ensalada de pulpo buenísima y morcilla, claro. Y aquí llegó el debate inevitable: ¿la palentina o la de Burgos? ¡Pues las dos! Son diferentes y están buenísimas.
De postre, arroz con leche con canela, tarta de queso exquisita y una copa de tiramisú que Aarón no pudo resistirse a pedir aunque ya no pudiera más. Con el café, punto final a una de los mejores comidas del viaje.
Dónde dormir en Palencia capital
Para dormir en la capital te recomendamos el Hotel Castilla Vieja. Cuatro estrellas en pleno centro histórico, a menos de 100 metros de la Plaza Mayor y a un paseo tranquilo de la catedral. La ubicación es difícil de mejorar.
Las habitaciones son amplias, decoradas con gusto y con todo lo que necesitáis para descansar bien después de visitar Palencia capital. Relación calidad-precio muy buena. Además el hotel tiene garaje privado, lo que en el centro de una ciudad siempre es un punto a favor. Y si llegáis en tren, la estación está también muy cerca. Podéis consultar disponibilidad y reservar a través de este enlace.
Consejos para visitar Palencia capital
- El coche no es imprescindible para la capital. A diferencia del resto de la provincia, Palencia ciudad se recorre perfectamente a pie. Si venís solo a la capital, el tren desde Madrid es la opción más cómoda.
- Empezad con el free tour o el tour guiado. Es la mejor inversión del día y nuestra recomendación más sincera. Palencia capital es una ciudad pequeña, y sin guía que te dé el contexto histórico puede quedarse en una experiencia agridulce. Con guía, entiendes todo mejor. En dos horas tenéis la historia de la ciudad, el modernismo de Jerónimo Arroyo, la leyenda del Cid y la primera universidad de España explicados. Reservadlo con antelación para aseguraros plaza.
- Reservad la catedral con antelación. El aforo es limitado y en temporada alta se agota. Podéis reservar también la visita con guía, que merece mucho la pena para no perderos ningún detalle.
- Comprobad horarios antes de ir. El Monasterio de las Claras estaba cerrado en Semana Santa — sí, en Semana Santa. Aprended de nuestros errores y llamad antes si viajáis en festivos.
- Dedicadle un día entero. Palencia capital no es una parada de dos horas. Con el Cristo del Otero, el paseo por el centro, la catedral y las procesiones (si coincidís en Semana Santa), el día se os pasa volando.
- Si podéis, id en Semana Santa. Las procesiones de Palencia son únicas. Ver a todas las vírgenes de la ciudad encontrándose en las calles es una experiencia que no esperabais y que no olvidaréis.
- Reservad siempre en Los Candiles de Toño. Sin reserva, sin mesa. Y sería una pena perdéroslo.
Y hasta aquí nuestra guía de qué ver en Palencia capital. Una ciudad que no grita, que no se publicita, que simplemente espera a que alguien se tome la molestia de venir a descubrirla. Si os habéis quedado con ganas de más, en el blog tenéis nuestra ruta completa por la provincia de Palencia en 4 días, o si preferís cruzar la frontera, nuestra ruta por la provincia de Burgos os está esperando. Porque en PlanDviajero siempre hay un plan… y casi siempre tiene soportales de piedra y una catedral que no te esperabas.