Qué ver en la provincia de Palencia es una pregunta que, hasta hace poco, muy poca gente se hacía. Y ese es exactamente su mayor secreto. Nosotros nos lo preguntamos una Semana Santa con seis personas, ganas de escapar de lo masificado y el maletero lleno. Cuatro días después volvimos a Madrid con la respuesta clara: muchísimo. Esto es lo que vimos, lo que comimos y lo que no nos esperábamos encontrar. Toma nota, porque Palencia está a punto de entrar en tu planD viaje.
Montaña Palentina, Palencia.
- 1. Por qué elegir la provincia de Palencia para tu escapada
- 2. Cómo organizamos nuestra ruta por la provincia de Palencia en 4 días
- 3. Día 1: Del románico del Camino a la Montaña Palentina
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- 3.1. Palenzuela: iglesias, castillo y bodegas subterráneas
- 3.2. Frómista: la iglesia románica más perfecta de España y el Canal de Castilla
- 3.3. Villalcázar de Sirga: el Camino de Santiago y un cordero asado que no olvidarás
- 3.4. Qué ver en Carrión de los Condes: el pantocrátor y el Monasterio de San Zoilo
- 3.5. Aguilar de Campoo: castillo, judería y plaza al atardecer
- 4. Día 2: Bisontes, miradores y la villa romana que nadie conoce
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- 4.1. Cervera de Pisuerga: nuestra base en la Montaña Palentina
- 4.2. La reserva de bisontes de la Montaña Palentina: un proyecto que necesita tu visita
- 4.3. La carretera panorámica de la Montaña Palentina: miradores y embalses
- 4.4. Villa Romana La Olmeda: los mosaicos romanos más impresionantes que hemos visto
- 4.5. Saldaña: la plaza más bonita de Palencia y el hombre que descubrió La Olmeda
- 5. Día 3: Palencia capital, la bella desconocida
- 6. Día 4: Tierra de Campos y vuelta a casa
- 7. Consejos para visitar la provincia de Palencia
- 8. Lo que más y menos nos gustó de Palencia
Por qué elegir la provincia de Palencia para tu escapada
Palencia tiene fama de ser la gran desconocida de Castilla y León, y en parte es culpa suya: no hace ruido, no se promociona demasiado y deja que sean sus visitantes los que corran la voz. Nosotros llegamos buscando un destino auténtico para Semana Santa, sin masificaciones, que juntase historia, naturaleza y gastronomía (esto siempre). Y Palencia lo cumplía todo sobre el papel. Lo que no esperábamos es que lo cumpliese también sobre el terreno, y con creces.
La provincia lo tiene todo: el románico más concentrado de Europa, una montaña que te deja sin palabras, yacimientos romanos que rivalizan con los más famosos del país, pueblos donde el tiempo parece haberse detenido y una gastronomía que te obliga a aflojar el cinturón, literalmente. Y encima, sin colas. Sin agobios. Sin pagar una fortuna por aparcar.
Desde Madrid se puede llegar en algo menos de dos horas por la A-62 dirección Valladolid y luego la A-67 hacia el norte, o por la A-1 si vais hacia la zona del Camino de Santiago. El coche es imprescindible para moverse por la provincia: los pueblos más interesantes están dispersos y el transporte público no llega a la mayoría. Nosotros fuimos en dos coches para los seis, y fue la decisión correcta. Con cuatro días completos tenéis tiempo suficiente para ver lo mejor de la provincia sin correr, aunque Aarón, como siempre, ya tenía el día 5 planificado antes de llegar al hotel.
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Cómo organizamos nuestra ruta por la provincia de Palencia en 4 días
Todo empieza igual: una lluvia de destinos sin filtro. Abrimos el ordenador, buscamos qué ver en la provincia de Palencia y empezamos a apuntar todo lo que nos llamaba la atención sin pensar todavía en tiempos ni distancias. Románico, montaña, villas romanas, pueblos de bodegas, naturaleza… la lista crecía y crecía.
El siguiente paso es nuestro método de siempre: lo volcamos todo en Google My Maps, marcamos cada punto de interés y empezamos a agrupar por zonas geográficas. Así es como organizamos los días, calculamos los tiempos de desplazamiento entre paradas y decidimos dónde dormir cada noche para no hacer kilómetros de más. Os dejamos el mapa justo debajo para que podáis usarlo como base para vuestra propia ruta.
Esta vez el alojamiento fue el mayor quebradero de cabeza. La oferta en la provincia de Palencia no es enorme y viajar en Semana Santa con seis personas complica las cosas: encontrar dos habitaciones disponibles en los mismos sitios y en las fechas que necesitábamos nos llevó más tiempo de lo habitual. El consejo es claro: reservad con bastante antelación si vais en temporada alta.
Una vez cerrada la ruta y el alojamiento, revisamos entradas y horarios de cada lugar, reservamos lo que se podía reservar con antelación y nos lanzamos a la aventura. Lo que vino después ya os lo contamos.
Día 1: Del románico del Camino a la Montaña Palentina
El primer día fue el más largo y el más variado de toda la ruta. Arrancamos desde Madrid temprano para aprovechar al máximo el día, tanto que Álvaro fue de empalme desde el trabajo, y fuimos encadenando paradas siguiendo el trazado del Camino de Santiago Francés, para terminar ya de noche en Aguilar de Campoo y llegar a dormir a Cervera de Pisuerga. Mucho románico, mucho kilómetros y alguna sorpresa por el camino.
Palenzuela: iglesias, castillo y bodegas subterráneas
Palenzuela fue nuestra primera parada y una de las más inesperadas del viaje. Es un pueblo pequeño y muy tranquilo. Empezamos por la iglesia de San Juan, donde una visita guiada con donación voluntaria nos introdujo al impresionante retablo de madera que preside su interior. Merece totalmente la pena: es de esas visitas que se hacen cortas y que agradeces haber hecho.
Desde allí subimos hasta las ruinas del castillo de Palenzuela, con buenas vistas sobre el entorno, y bajamos después hacia el arco de la Paz y el puente medieval, dos de los elementos que mejor conservan la huella histórica del pueblo. Pasamos también por delante del Palacio de los Herrera antes de llegar a la que para nosotros fue la joya del lugar: la parroquia de Santa Eulalia. Está en ruinas, pero precisamente por eso tiene algo especial. Imaginar lo que tuvo que ser en su día, con esa estructura todavía en pie, es uno de esos momentos que el viaje te regala sin avisar.
Para cerrar la visita nos acercamos al barrio de bodegas subterráneas. Muy curioso, aunque no fue lo mejor del viaje — spoiler: en Dueñas y Baltanás nos esperaban barrios de bodegas que nos dejaron con la boca abierta. Pudimos hacer fue entrar en una de ellas…
Frómista: la iglesia románica más perfecta de España y el Canal de Castilla
Si hay una parada en la provincia de Palencia que no admite debate, esa es Frómista. Un pueblo pequeño, tranquilo, atravesado por el Camino de Santiago y el Canal de Castilla, con tres iglesias que compiten entre sí por ver cuál es la más bonita.
Aparcamos el coche y lo recorrimos todo a pie. La primera parada fue: la iglesia de San Martín de Tours, considerada uno de los ejemplos más puros del románico español. Construida en el siglo XI por orden de doña Mayor, viuda del rey Sancho III de Navarra, llama la atención desde fuera antes incluso de entrar: dos torres circulares flanqueando la fachada, más de 300 canecillos decorando los aleros con figuras de animales, seres humanos y criaturas fantásticas, y una proporción que parece calculada al milímetro. Por dentro, la visita es corta pero intensa. La entrada cuesta 1,50€ por persona (gratuita para menores de 12 años), y existe una entrada conjunta por 6€ que incluye también la iglesia-museo de San Pedro y el museo multimedia Vestigia en Santa María del Castillo. Si tenéis tiempo, merece la pena.
La iglesia de San Pedro, en la Plaza de Tuy, es la parroquia actual del pueblo. De estilo gótico con una portada renacentista de 1560 diseñada por Juan de Escalante, alberga en su interior el Museo de Arte Sacro de Frómista, con piezas tan singulares como la Patena del Milagro o la reliquia de San Telmo. La visita a la iglesia es gratuita; el museo tiene precio de entrada aparte.
La tercera iglesia que vimos fue Santa María del Castillo, estaba cerrada durante nuestra visita. Alberga el museo Vestigia, un recorrido multimedia sobre las historias y leyendas del Camino de Santiago. Antes de salir del pueblo, una parada imprescindible: el Canal de Castilla y sus cuatro esclusas. Una obra de ingeniería hidráulica del siglo XVIII que hoy es también un recurso turístico perfecto.
Desde el embarcadero junto a las esclusas sale el barco Juan de Homar, que hace el recorrido por el canal hasta Boadilla del Camino (6,5 km) en paralelo al Camino de Santiago. El billete estándar cuesta 5€, 3€ solo de ida, y los peregrinos con credencial tienen precio especial de 2€. Aforo limitado, así que conviene reservar con antelación. Nosotros no pudimos subir porque estaba de reforma, pero lo apuntamos para la próxima.
Villalcázar de Sirga: el Camino de Santiago y un cordero asado que no olvidarás
Entre Frómista y Carrión de los Condes hay un pueblo tan pequeño que casi te lo puedes perder si no vas con el ojo puesto. Villalcázar de Sirga tiene pocas calles, menos de 200 habitantes y una iglesia que no tiene ningún sentido que esté ahí. La iglesia de Santa María la Blanca es un templo-fortaleza construido entre los siglos XII y XIV por los Caballeros Templarios — el único recuerdo templario de toda la provincia de Palencia — y cuando la ves aparecer en medio de la llanura de Tierra de Campos entiendes por qué los peregrinos medievales se desviaban kilómetros para pasar por aquí.
Declarada Bien de Interés Cultural desde 1919 y Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1993, guarda en su interior sepulcros góticos policromados del siglo XIII, entre ellos el del Infante Don Felipe, hijo de Fernando III el Santo, y la Virgen Blanca la cual se dice que inspiró a Alfonso X el Sabio. Por fuera impresiona con sus dos torres en el crucero y esa fachada defensiva. Nosotros la encontramos cerrada, así que consultad horarios antes de ir para no llevarse el mismo chasco.
Donde sí acertamos de lleno fue eligiéndola como parada para comer. Cordero asado en el Mesón de los Templarios. Un clásico del pueblo que lleva años dando de comer a peregrinos y viajeros, y que entiende muy bien lo que es un buen plato castellano. De esos almuerzos que no necesitan presentación y que te recuerdan por qué merece la pena salir de Madrid.
Después del café nos acercamos a la estatua del peregrino, nos sentamos un rato con él en la plaza y lo dejamos merendar tranquilo. Por aquí pasa el Camino Francés, y aunque el pueblo es pequeñísimo, es muy bonito.
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Qué ver en Carrión de los Condes: el pantocrátor y el Monasterio de San Zoilo
Carrión de los Condes es otro nivel. Después de Palenzuela, Frómista y Villalcázar, llegar aquí es como pasar de pueblo a ciudad. Más patrimonio, más calles, más historia y, por suerte, más tiempo del que pensábamos que íbamos a necesitar.
Aparcamos junto a las murallas, al lado de la iglesia de Santa María del Camino, y nos fuimos hacia el centro a pie. La Plaza Mayor, el Ayuntamiento, la oficina de turismo. Hasta aquí todo bien. Pero la sorpresa llegó en cuanto doblamos hacia la iglesia de Santiago: el pantocrátor del friso es uno de los tesoros del románico palentino y de los mejor conservados de toda España. Cristo en majestad rodeado de los cuatro evangelistas, con 24 figuras de oficios medievales en la arquivolta. Hay quien hace el viaje hasta Carrión solo para verlo. Y lo entendemos perfectamente.
Seguimos por San Andrés, el Museo de los Pasos y la iglesia de Nuestra Señora de Belén, abierta y gratuita, desde cuyo lateral hay un mirador precioso sobre el río y el puente mayor — en realidad un dique romano para controlar las crecidas, dato que no nos esperábamos.
El broche lo pone el Monasterio de San Zoilo, a las afueras. Fundado en el siglo X, parte hotel y parte visita cultural. La entrada cuesta 3,50€ (reducida 2,50€, peregrinos 1€). La visita es más corta que el tamaño del edificio hace esperar, pero el claustro plateresco de Juan de Badajoz es súper impresionante. Y las celdas de aislamiento… todavía seguimos pensando en dejar a Álvaro en una de ellas. Es broma. O no tanto…
Aguilar de Campoo: castillo, judería y plaza al atardecer
Llegamos a Aguilar de Campoo al atardecer, ideal para cerrar el día. Pero el pueblo tenía otros planes para nosotros. Lo primero que quisimos ver fue la iglesia de Santa Cecilia, una joya del románico tardío del siglo XII encaramada en la ladera del castillo, Monumento Histórico-Artístico desde 1963. Pero justamente estaba cerrando. Así que subimos directamente al castillo, que no tiene horario de cierre y desde el que las vistas sobre el pueblo y el embalse son espectaculares. Eso sí, cuidado con subirse a las torres y murallas: están parcialmente habilitadas pero algunas zonas dan más respeto del que aparentan. Un resbalón puede llevarse un susto de verdad.
Bajamos hacia el centro y el pueblo nos fue dando sorpresas una detrás de otra. La Plaza de España con sus soportales de piedra y sus palacios de fachadas nobles. La inmensa Colegiata de San Miguel, Monumento Histórico desde 1931, con un retablo mayor renacentista atribuido a Juan de Vallejo, discípulo de Alonso Berruguete. El Palacio de los Marqueses de Aguilar. Y luego el barrio medieval desde el exterior, entrando por el Puente del Soto, la Puerta de la Tobalina y la torre de la muralla hasta llegar a la judería, que se extendía por la calle de la Tobalina y el Barrio del Soto. Cerca de la Colegiata se conserva la ermita de Nuestra Señora del Portazgo, que se cree que fue la antigua sinagoga judía — aunque hoy es propiedad particular.
Lo que más nos sorprendió de Aguilar fue la cantidad de gente que había. Muchísima más que en cualquier otro pueblo del día. Un destino que claramente está en el radar de muchos viajeros, y con razón. Llegamos al alojamiento y a descansar.
Día 2: Bisontes, miradores y la villa romana que nadie conoce
El segundo día fue el más diferente de toda la ruta. Arrancamos desde Cervera de Pisuerga conociendo su casco histórico por la mañana y de ahí nos fuimos hacia el norte, hacia la Montaña Palentina. Lo que vino después no nos lo esperábamos.
Cervera de Pisuerga: nuestra base en la Montaña Palentina
Cervera de Pisuerga fue nuestra base para la noche y la mañana del segundo día. Declarada Conjunto Histórico-Artístico en 1983, es la capital de la Montaña Palentina y puerta de entrada al Parque Natural de Fuentes Carrionas.
Por la mañana antes de salir hacia los bisontes nos dimos un paseo por el centro. Lo primero sube: la iglesia de Santa María del Castillo, des estilo gótico florido, en la zona alta del pueblo. En su interior está el retablo hispano-flamenco de la capilla de Santa Ana, con una Adoración de los Reyes que se asocia con a Juan de Flandes, pintor de la corte de Isabel la Católica. Poca broma.
Bajando desde la iglesia, pasamos por el casco histórico lleno de casonas blasonadas, soportales de columnas de piedra y capiteles esculpidos que te llevan a la Plaza Mayor.
La reserva de bisontes de la Montaña Palentina: un proyecto que necesita tu visita
Reconozcámoslo: cuando pusimos la reserva de bisontes en el itinerario, más de uno del grupo puso los ojos en blanco. Y cuando salimos de la vista, los mismos que pusieron los ojos en blanco eran los que más impresionados acabaron.
El Centro de Interpretación del Bisonte Europeo — Bison Bonasus — está en San Cebrián de Mudá, en 20 hectáreas de robledal y pradera donde viven varios ejemplares en semilibertad junto con caballos de Przewalski y caballos losinos. Todas las visitas son con guía, duran unas dos horas y se puede acceder andando, en bicicleta eléctrica, en calesa o en todoterreno.
El bisonte europeo aparece ya en las pinturas del Paleolítico — los de las cuevas son el bisonte ártico, antecesor del actual. En 1927 no quedaba ni un solo ejemplar caminando libre por el mundo. La recuperación empezó a finales del siglo XX y hoy hay más de 10.000 ejemplares, aunque el mayor peligro ahora es la endogamia: falta de variabilidad genética, problemas pulmonares y caída de la tasa de fecundidad. Cuantas más reservas como ésta existan, menor es el riesgo.
Y hay algo más: el proyecto está directamente vinculado a la lucha contra la despoblación. Las minas de carbón que daban trabajo a esta zona llevan décadas cerrando. El bisonte ha dado una razón para quedarse. Verlos de cerca, con su tamaño y su envergadura, es una experiencia que no se olvida fácilmente.
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A pocos kilómetros de Palencia, esta visita al Centro del Bisonte Europeo permite conocer de cerca uno de los mamíferos más grandes y amenazados del continente, con guía incluido y entrada a la reserva.
La carretera panorámica de la Montaña Palentina: miradores y embalses
Después de los bisontes, nos pusimos a rodar por la carretera P-210, conocida como la Ruta de los Pantanos. Y aquí es donde la Montaña Palentina te da el gustazo visual del viaje. Esta carretera une Aguilar de Campoo con Velilla del Río Carrión atravesando el Parque Natural Fuentes Carrionas a lo largo de más de 80 kilómetros. A lo largo del recorrido van apareciendo embalses, puertos de montaña y miradores que obligan a parar el coche una y otra vez.
La parada que más nos gustó fue el Mirador de Alba de los Cardaños, el más fotografiado de toda la ruta y con razón. Un balcón natural sobre el embalse de Camporredondo — inaugurado por Alfonso XIII en 1930 y uno de los más seguros de España por estar enclavado directamente en la roca cuarcita que lo rodea — con el Pico Espigüete cerrando el horizonte al fondo. Lo que tiene de curioso este embalse es que cuando se construyó inundó parte del propio pueblo de Alba de los Cardaños, dividiéndolo en dos sectores separados.
A lo largo de la carretera fuimos parando en varios miradores más, entre ellos el del Valle de Valcobero, fácil de encontrar porque está señalizado justo al borde de la carretera. Comimos en Camporedondo de Alba y fue una sorpresa mayúscula. Menú del día en un pueblo de montaña que no tenía nada que envidiarle a cualquier restaurante de ciudad.
Villa Romana La Olmeda: los mosaicos romanos más impresionantes que hemos visto
No podemos entender cómo La Olmeda no es más conocida. Todo el mundo sabe lo que son Empúries o Mérida, pero este yacimiento palentino tiene mosaicos que les plantan cara sin ningún complejo y, lo más importante, los conserva in situ, exactamente donde los dejaron sus dueños en el siglo IV.
La historia del descubrimiento data de 1968, Javier Cortés estaba haciendo labores agrícolas en sus tierras de Pedrosa de la Vega cuando apareció algo que no debería estar ahí. Lo que encontró fue una villa romana de planta cuadrada con 4.400 metros cuadrados, 35 habitaciones, 26 de ellas con mosaicos, y 1.450 metros cuadrados de mosaicos policromados conservados tal y como los dejaron los romanos.
Lo que más nos flipó no fueron solo los mosaicos en sí, sino lo que representan: escenas de caza con leones, antílopes africanos y jabalíes, y en el gran salón central la leyenda de Aquiles ocultándose vestido de mujer en la isla de Esciros. Junto a los mosaicos encontraron restos de huesos de animales cazados, ajuares funerarios de la necrópolis cercana y objetos de la vida cotidiana. Con todo eso, podrás imaginarte todo lo que fue aquello.
La visita es de martes a domingo de 10:30 a 18:30 h. Entrada general 5€, reducida 3€, menores de 12 años gratis. El ticket incluye también el Museo de La Olmeda en Saldaña — no tiréis el ticket.
Saldaña: la plaza más bonita de Palencia y el hombre que descubrió La Olmeda
Saldaña nos enamoró. Y mira que llegamos tarde, con las piernas cansadas y la cabeza llena de mosaicos romanos. La primera parada fue La Casona, un edificio renacentista de patio porticado que alberga el Centro Javier Cortés, dedicado a la vida y obra del hombre que descubrió La Olmeda en 1968 mientras araba sus tierras. Una historia que merece conocerse antes o después de visitar el yacimiento.
Justo enfrente, en la iglesia de San Pedro, está el Museo de La Olmeda — y aquí va el consejo más importante del día: el ticket de La Olmeda incluye la entrada al museo, así que no lo tiréis. Son unos 305 objetos entre fragmentos de mosaico, vajilla cerámica, armas de caza, recipientes de vidrio y monedas. Una visita breve pero que completa enseña lo que habéis visto en el yacimiento. Si váis justo de tiempo skip.
Después paseamos por el centro: la Plaza del Marqués de Baldavia con mucho ambiente, la iglesia de San Miguel, el ayuntamiento, la plaza del Trigo. Todo muy bien conservado, con estilo castellano de soportales y piedra que ya llevamos varios días disfrutando.
Pero la joya de Saldaña, sin discusión, y de verdad que no la admitimos, es la Plaza Vieja. Declarada Conjunto Histórico en 1996, sus orígenes se remontan a los siglos X y XI y aquí se celebró en 1128 la primera corrida de toros documentada de España. Los soportales de madera, las fachadas blasonadas, las entradas en esquina. Enamorados es poco.
Ahí al lado está la Casa Torcida, un edificio civil de finales del siglo XVI que parece a punto de derrumbarse pero que aguanta de pie desde hace siglos — y que actualmente funciona como restaurante, por si os apetece comer en una casa que se tuerce. Para terminar el día nos dimos un paseo tranquilo por el parque Javier Cortés, atravesado por el río Carrión y lleno de pavos reales. Después nos fuimos a descansar.
Día 3: Palencia capital, la bella desconocida
El tercer día empezaba con las mayores ganas del viaje: por fin íbamos a conocer Palencia capital. Pero antes, una parada a 6 kilómetros de la ciudad que estuvo a punto de arruinarnos el desayuno.
Fuentes de Valdepero: una visita con sorpresa
Fuentes de Valdepero, es un pueblo muy muy chiquitito que está a apenas 6 kilómetros de Palencia capital. Tiene dos cosas que merecen la pena visitar: la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua y el Castillo de los Sarmiento, una fortaleza del siglo XV construida entre 1442 y 1465 por la familia Sarmiento — el mismo linaje que da nombre al apellido, se relaciona a la viticultura. Después de pertenecer a la Casa de Alba pasó a manos de la Diputación de Palencia, que lo restauró durante 15 años antes de abrirlo al público en 2011.
Llegamos con ganas y salimos con las manos vacías. La iglesia de Nuestra Señora de la Antigua, enorme y preciosa, estaba cerrada. Y el castillo, que tiene horario de martes a domingo, tampoco iba a abrir ese día. En Semana Santa. Cuando la gente tiene tiempo para ir. Ahí va nuestra queja, que no es menor: no tiene ningún sentido que monumentos de este tipo cierren precisamente en las fechas en las que más visitantes pueden ir, ¡No tiene sentido!. Si vais entre semana fuera de temporada alta, podéis realizar la visita guiada por 3€ (reducida 1,50€) y merece mucho la pena según todo lo que leímos. Pero en Semana Santa, comprobad antes los horarios.
Palencia capital: la bella desconocida
Tras el palmazo del día, de no poder visitar nada, fuimos a Palencia capital. Empezamos subiendo al Cristo del Otero. La estatua, obra del escultor palentino Victorio Macho, se construyó entre junio de 1930 y febrero de 1931 — el mismo año en que se inauguró el Cristo Redentor de Río de Janeiro — y con sus 21 metros es el Cristo más alto de España y uno de los más altos de Europa.
Durante años sólo fue superado por el de Río de Janeiro, así que hasta que ese se construyó, este era el más alto del mundo. Una flipada. A los pies de la estatua hay una ermita rupestre, el pequeño museo dedicado a Victorio Macho con bocetos y fotografías, y unas vistas panorámicas sobre la ciudad que merecen la subida. El acceso es libre y gratuito.
Continuamos hacia el centro y nos unimos a un free tour, la mejor decisión del día. En dos horas entendimos Palencia. La ciudad tiene dos grandes versiones: la religiosa y la modernista. Esta última es menos conocida pero igual de impresionante: Jerónimo Arroyo, arquitecto palentino que estudió en Madrid y Barcelona y cuyo profesor era amigo de Gaudí, dejó en Palencia uno de los conjuntos modernistas más importantes de España, solo superado por Barcelona y Melilla. Su gran especialidad son la forja, la piedra artificial y el ladrillo, y cuando sabes reconocerla, la encuentras por toda la calle mayor. Curiosidad: la actual oficina de turismo era su propia vivienda y estudio.
Por el camino fuimos descubriendo más capas de la historia de la ciudad: los romanos se asentaron aquí en el siglo III a.C., los visigodos trajeron el segundo obispado más importante de Hispania después de Toledo, y en 1212, en agradecimiento por la ayuda en la batalla de las Navas de Tolosa, se fundó aquí la primera Universidad de España. ¿A que no habrías imaginado eso?. En la iglesia de San Miguel, de estilo tardorrománico con una torre almenada que hacía de vigía sobre la antigua muralla, se dice que el Cid se casó con Doña Jimena — aunque no hay documentos que lo prueben. La leyenda, sin embargo, ha hecho que generaciones de palentinos llamen Rodrigo y Jimena a sus hijos. Y que todavía se celebren bodas aquí pensando en ello. No podemos recomendarte más este tour.
La tarde la dedicamos a la catedral, y aquí vino un gran debate del viaje. La catedral de San Antolín es la tercera más grande de España después de Toledo y Sevilla, y tiene casi 13 siglos de historia acumulada: cimientos visigodos, catedral románica encima, catedral gótica encima de esa, añadidos renacentistas, barrocos y una portada neoclásica final.
En la torre asoman dos gárgolas — un unicornio y un esqueleto — que ya si que nos rompieron todos los esquemas. Pero lo que de verdad nos dejó sin palabras fue la cripta: una cueva visigoda con las reliquias de San Antolín y dos columnas decoradas que son los primeros cimientos del edificio, con unos colores y unas formas que no esperabas. Aarón se quedó con esta. Álvaro, que ya había visto la de Burgos en nuestra escapada por la provincia de Burgos el año pasado, la prefería. Para variar, no nos pusimos de acuerdo.
Y para cerrar el día, algo que no teníamos en el plan: las procesiones de Semana Santa. Las vírgenes de la ciudad salían todas a la calle y se iban encontrando de camino a la catedral para hacer una gran procesión conjunta. Verlo fue una pasada. Las mujeres llevaban la banderola dorada — una tradición del siglo XIV que otorgaba a quien la portase el privilegio de no tener que postrarse ante el rey — toda la ciudad en las calles, y muchísimo sentimiento. Palencia en Semana Santa es, sin ninguna duda, una combinación que recomendamos sin dudar.
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Dueñas: bodegas, historia y bodegas subterráneas
Dueñas fue la última parada del día, conjunto Histórico Artístico desde 1967 y ciudad desde 1928 por título de Alfonso XIII. Dueñas tiene muchísima historia: aquí estuvieron los Reyes Católicos tras su boda en Valladolid, Carlos I paró en varias ocasiones, y por sus calles pasó también Santa Teresa de camino a Palencia. Dos ríos importantes de la provincia, el Pisuerga y el Carrión, se unen a las afueras del pueblo después de nacer ambos en la Montaña Palentina — algo que tiene bastante de poético cuando acabas de llegar de allí.
Recorrimos el casco histórico a pie: las iglesias, las plazas, el Ojo de la Virgen — la única puerta conservada de la antigua muralla medieval, con una ermita encima — y subimos hacia el cerro del castillo. Las piedras del castillo original, cuenta la historia, se usaron como material para construir el Canal de Castilla en el siglo XIX. Lo que queda arriba es el barrio de bodegas, y aquí es donde Dueñas destaca: más de 120 bodegas y 39 cuevas excavadas en la roca del cerro, algunas con siglos de historia, formando un laberinto subterráneo que conserva los vinos de la DO Cigales a temperatura perfecta.
Y entonces apareció Jorge. Del Grupo de Bodegas ABCD Dueñas, nos abrió su bodega y nos contó la historia de estas bodegas y cómo están trabajando para conservarlas y darles vida. Entrar ahí dentro, con el olor a tierra húmeda y madera, pudimos escuchar la historia de la zona y ver todo el esfuerzo que realizan para la conservación de estas maravillas.
Día 4: Tierra de Campos y vuelta a casa
El último día de cualquier viaje siempre tiene algo de melancolía. Sabes que en unas horas estarás de vuelta en casa, así que lo mejor que puedes hacer es exprimirlo al máximo. Y eso fue exactamente lo que hicimos.
Ampudia: castillo, soportales y colegiata
Arrancamos el último día en Ampudia, uno de los pueblos que más nos gustó de toda la ruta. Se sitúa en la comarca de Tierra de Campos y destaca por su gran castillo. Una fortaleza señorial gótica del siglo XV — la torre del homenaje es del XIII — construida por los descendientes de Pedro García Herrera, Mariscal de Castilla. Pasó por manos de los duques de Lerma y de Alba hasta caer prácticamente en la ruina, hasta que en los años 60 el industrial galletero Eugenio Fontaneda lo compró por cien mil pesetas a la condesa de la Granja y lo restauró.
Primero lo alquiló para el rodaje de películas, y después instaló en su interior una colección artística que incluye piezas arqueológicas, arte sacro, armas, instrumentos musicales, juguetes populares y hasta una botica medieval. Es más un museo que un castillo en el sentido clásico. Y puede que en tu visita salgas con esa sensación agridulce, como que te habría gustado ver un poco más… La entrada cuesta 5€ por persona (grupos 4,50€, niños de 5 a 7 años 2,50€).
Bajando hacia el pueblo, verás la Colegiata de San Miguel domina el horizonte de Tierra de Campos con su gran torre campanario gótica. Y las calles de Ampudia, con sus casonas blasonadas y soportales de columnas de madera preciosos. Un pueblo prácticamente vacío, pero realmente único.
Paredes de Nava: parada rápida
Paredes de Nava fue una parada breve pero intensa. El pueblo natal de Jorge Manrique y del pintor Pedro Berruguete tiene más historia por metro cuadrado de lo que aparenta, con tres iglesias bien conservadas – la Iglesia de Santa Eulalia, la Iglesia de Santa María y la Ermita de la Vera Cruz – que merecen asomarse aunque sea desde fuera.
Baltanás y su barrio de bodegas: el final de nuestra ruta
Guardamos lo mejor para el final. Baltanás es la capital del Cerrato palentino, a 28 kilómetros de Palencia capital, y tiene un secreto: el mayor conjunto de bodegas subterráneas de toda España. Nada menos que 374 bodegas excavadas a pico y pala en el Cerro del Castillo, distribuidas en 6 niveles superpuestos, declaradas Bien de Interés Cultural en 2015. Y con una historia que se remonta al siglo XV, con la primera referencia documental datada en 1543.
Pasear por el barrio de bodegas es un must. Las chimeneas se asoman del suelo en todas direcciones. Sí, esas chimeneas hay quien dice — y no es un rumor menor — que Gaudí se inspiró en ellas para diseñar La Pedrera. La historia la contó una periodista que hablando con un sacerdote oyó que el arquitecto había visitado Baltanás buscando precisamente esa confirmación. No hay documentos que lo prueben, pero cuando ves las chimeneas y piensas en La Pedrera, empieza a tener sentido en tu cabeza…
Y así acabó nuestra ruta de cuatro días por la Provincia de Palencia. Un final de ruta que no habríamos podido escribir mejor si lo hubiéramos planeado. Baltanás te regala un ambiente especial en un entorno único.
Consejos para visitar la provincia de Palencia
- El coche es imprescindible. No hay otra forma de ver la provincia con comodidad. Los pueblos están muy dispersos, el transporte público no llega a la mayoría y los tiempos entre paradas se multiplican sin coche propio. Desde Madrid se llega a Palencia capital en menos de dos horas por la A-62. Si vais en tren desde Chamartín tardáis 1h 50min y luego podéis alquilar coche en la propia estación, que tiene oficinas de las principales compañías.
- Comprobad horarios antes de salir, siempre. Y si viajáis en festivos o Semana Santa, comprobadlos dos veces. Varios monumentos que quisimos visitar estaban cerrados precisamente en las fechas en que más gente puede ir — el castillo de Fuentes de Valdepero y la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua son los ejemplos más claros de nuestra ruta. Es la queja más repetida de los viajeros en la provincia y, por desgracia, sigue sin resolverse.
- No tiréis el ticket de La Olmeda. La entrada a la Villa Romana La Olmeda incluye también el Museo de La Olmeda en Saldaña. Son dos visitas complementarias y el museo merece la pena. Si llegáis a La Olmeda primero, guardad el ticket para Saldaña.
- Reservad alojamiento con mucha antelación si viajáis en temporada alta. La oferta de la provincia no es enorme y en Semana Santa con seis personas nos costó bastante encontrar sitio. Cuanto antes reservéis, mejor.
- La época ideal es primavera u otoño. Nosotros fuimos en Semana Santa y los colores de la Montaña Palentina, con la vegetación, eran una pasada. El otoño también tiene que ser espectacular en la zona norte. El verano puede ser muy caluroso en Tierra de Campos.
- El menú del día es vuestra mejor opción. En los pueblos de la provincia encontraréis menús contundentes y a precios muy razonables. El de Camporedondo en plena Montaña Palentina fue una de las sorpresas del viaje. El lechazo asado y la menestra de verduras son las dos referencias gastronómicas de la zona.
- Usad Google My Maps para planificar. Os dejamos el nuestro más arriba. Marcar los puntos de interés por zonas antes de salir os ahorra kilómetros y os ayuda a calcular tiempos entre paradas.
Lo que más y menos nos gustó de Palencia
Lo que más nos gustó:
- Saldaña. No lo teníamos como estrella del viaje y acabó siendo de los que más hablamos de vuelta a casa. La Plaza Vieja, la Casa Torcida, el parque con los pavos reales y la historia de Javier Cortés forman un conjunto que tiene algo especial.
- Los bisontes. Quedarte cara a cara con un animal que estuvo a punto de desaparecer del planeta es de esas experiencias que no se olvidan. El proyecto en sí, la historia detrás y lo que significa para la zona hacen que la visita tenga una dimensión extra que va mucho más allá del turismo.
- Baltanás. El final perfecto para la ruta. 374 bodegas excavadas en la montaña, el rumor de Gaudí y La Pedrera, y esa sensación de haber descubierto algo que poca gente conoce todavía. Así es como nos gusta acabar un viaje.
- La catedral de Palencia. No esperábamos que nos impresionara tanto. La cripta visigoda, los 13 siglos de historia acumulada en el mismo edificio y ese silencio que solo tienen las catedrales de verdad. Aarón se queda con esta. Álvaro con la de Burgos. Así seguimos.
- Las procesiones de Semana Santa. No estaban en el plan y fueron de lo mejor del viaje. Ver a todas las vírgenes de la ciudad encontrándose en las calles para hacer la gran procesión hasta la catedral fue una pasada.
Lo que menos nos gustó:
- Los horarios en festivos. No tiene ningún sentido que el castillo de Fuentes de Valdepero y la iglesia de Nuestra Señora de la Antigua estén cerrados en Semana Santa. Es exactamente cuando la gente tiene tiempo para ir. Palencia tiene un patrimonio increíble y sería una pena que perdiera visibilidad por algo tan solucionable.
- La oferta de alojamiento. Para ser una provincia con tanto que ofrecer, el número de opciones de calidad para grupos es limitado. Encontrar sitio para seis personas en las mismas fechas nos llevó más tiempo del que debería.
- La señalización en algunos puntos. Hay lugares que merecen mucho más y que son difíciles de encontrar si no vas con el mapa preparado de casa. Palencia tiene material para competir con cualquier destino de Castilla y León, pero todavía le queda trabajo en cómo se da a conocer.
Y hasta aquí nuestra ruta por la provincia de Palencia. Cuatro días que nos demostraron que las mejores sorpresas de viaje no siempre están en los destinos más sonados. Si como nosotros os ha picado el gusanillo de la Castilla más auténtica, en PlanDviajero tenéis más rutas, más pueblos y más planes: nuestra ruta por Burgos en 4 días, los pueblos más bonitos de Burgos, o escapadas a joyas como Calatañazor o Medinaceli… para viajeros como vosotros.