Tras salir de Anuradhapura con la cabeza llena de estupas, monjes y 2.000 años de historia encima, pensábamos que Mihintale iba a ser una parada más de camino a Sigiriya. Qué error tan bonito. A 12 kilómetros al este, esta montaña sagrada nos cautivó de una forma completamente distinta a todo lo que habíamos visto el día anterior. Sin la intensidad de la ciudad sagrada, sin las masas de peregrinos, sin la grandiosidad de las dagobas gigantes. Solo silencio, escalones de granito, monjes de todas las edades y una espiritualidad muy especial. Si buscas qué ver en Mihintale, aquí va nuestro PlanD más inesperado de Sri Lanka.

Qué ver en Mihintale, Sri Lanka.

Mihintale, Sri Lanka.

Mihintale: historia y por qué es tan importante

La historia de este precioso lugar comienza con un ciervo. En el año 247 a.C., el rey Devanampiya Tissa estaba cazando en los bosques de Mihintale cuando se encontró de frente con Mahinda, el hijo del emperador indio Ashoka, que había llegado a Sri Lanka para extender el budismo. El rey perseguía a un ciervo entre los árboles. Mahinda le paró en seco y le predicó que todos los animales tienen el mismo derecho a vivir en esta tierra que los seres humanos. El rey no solo se convirtió al budismo en ese mismo momento, sino que declaró Mihintale zona protegida para la fauna silvestre, convirtiéndose en el primer santuario de animales del mundo.

 

Historia de Mihintale.
Historia de Mihintale.

 

Desde aquella conversación bajo los árboles, Mihintale se convirtió en el centro espiritual más importante de Sri Lanka durante siglos. Se construyeron templos, dagobas, estanques y monasterios sobre las terrazas de la montaña. Y lo más curioso es que el lugar nunca perdió su función: sigue siendo un sitio de peregrinación activa, con monjes residiendo en la montaña y peregrinos subiendo los escalones cada día. Entender esa historia antes de subir te da una idea que cambia todo lo que verás al llegar.

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Los 1.840 escalones de Mihintale: la subida

De buena mañana, a primerísima hora y con el jet lag todavía instalado en el cuerpo, nos plantamos ante los 1.840 escalones de granito de Mihintale. Fue nuestro primer gran reto físico del viaje y la verdad es que lo miramos un momento antes de arrancar. Pero paso a paso, con calma y esquivando a los monos que bajaban por los laterales, se llega bien. La recompensa está arriba, y no solo porque por fin te puedes descalzar y dejar que los pies respiren al pisar el suelo sagrado, sino porque lo que espera arriba merece cada uno de esos escalones.

 

Aarón en los escalones de Mihintale.
Aarón en los escalones de Mihintale.

 

Antes de empezar a subir vale la pena recorrer por un momento las estructuras que hay a los pies de la montaña. Las ruinas del hospital de Mihintale, considerado uno de los más antiguos del mundo, datan del siglo II a.C. y tenían una sala de baños medicinales y zonas separadas para pacientes. Junto a él están los restos del refectorio donde los monjes alimentaban gratuitamente a los peregrinos que llegaban a la montaña. Dos datos que dicen mucho de cómo era la sociedad que construyó todo esto hace más de 2.000 años.

 

Fuente león, Mihintale.
Fuente león, Mihintale.

 

De camino arriba nos fuimos cruzando con monjes de naranja, niños monjes y mujeres monjes, todos descalzos, subiendo y bajando con una naturalidad que contrasta con el esfuerzo que nosotros poníamos en cada escalón. Poca gente. Mucho silencio. Y una vegetación que se va cerrando alrededor del camino conforme subes, hasta que de repente se abre y aparece la primera terraza.

Qué ver en Mihintale

Sela Chetiya

La primera estructura que aparece al llegar a la zona superior, tras los 1.840 escalones, es la Sela Chetiya, también conocida como Ambasthala Dagoba. Está construida exactamente en el punto donde Mahinda se encontró con el rey Devanampiya Tissa en el año 247 a.C. El momento que os contamos al principio, el del ciervo y la conversación que cambió Sri Lanka. La estatua del rey está colocada justo en el lugar donde él se encontraba. La dagoba protege el cabello sagrado del Buda entre las cejas, una de las 32 marcas de un ser iluminado según la tradición budista, y es uno de los 16 lugares de peregrinación más sagrados del país. Rodeada de columnas de piedra que en su día sostenían un techo de madera.

 

Mihintale, Sri Lanka.
Sela Chetiya, Mihintale.

Ruwanweli Maha Seya

Desde la Sela Chetiya seguimos subiendo hasta Aradhana Gala (Mihintale Rock), la Roca de la Convocación, el punto más alto de Mihintale. Y aquí lo agradecimos y lo sufrimos a partes iguales. El viento en lo alto, con las vistas de todo el norte de Sri Lanka extendiéndose hasta el horizonte, todo verde y plano hasta donde alcanza la vista. Una panorámica de 360 grados que te deja sin palabras. Los monjes bajaban pasando por nuestro lado sonriéndonos y saludándonos, con esa naturalidad que ya habíamos visto en Anuradhapura pero que aquí, a semejante altura y con tan poca gente, se sentía todavía más especial. En ese momento entiendes por qué eligieron este lugar para predicar el budismo: desde aquí se domina todo.

 

Subiendo a Mihintale Rock.
Subiendo a Mihintale Rock.

 

Ojo con la subida, ya que se sube completamente descalzo y los peldaños están tallados directamente en la roca. Toda una aventura para nosotros, ellos súper acostumbrados a hacerlo.

 

Vistas desde Mihintale Rock.
Vistas desde Mihintale Rock.

Maha Seya Dagoba

Justo al lado de la Sela Chetiya está la Maha Seya Dagoba, la stupa más grande de Mihintale. Construida, junto a Mihindu Maha Dagoba, por el rey Mahadathika Mahanaga entre los años 7 y 19 d.C. Custodia un cabello del propio Buda y brilla de un blanco inmaculado con 41 metros de diámetro en la base. Dos stupas enormes, lado a lado, en lo alto de una montaña.

 

Stupas de Mihintale, Sri Lanka.
Stupas de Mihintale, Sri Lanka.

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El Buda tumbado y la ofrenda

Continuamos visitando una pequeña sala donde encontramos un pequeño templo con un Buda reclinado, frescos en las paredes y las estatuas de los dioses Vishnu, Saman, Ganesh y Skanda en una sala aparte. Fue uno de los momentos más bonitos del día. Mientras estábamos allí mirando al Buda tumbado, una familia local se acercó a hacer una ofrenda de flores. Sin que dijéramos ninguna palabra, nos ofrecieron flores a nosotros también para que participáramos en la ofrenda junto a ellos. Hicimos la ofrenda juntos, rodeados de incienso y en un lugar tan especial como Mihintale.

Buda reclinado de Mihintale.
Buda reclinado de Mihintale.

Dhatu Ghara

De vuelta hacia la salida, detrás del conjunto principal está el Dhatu Ghara, que siginifica edificio de las reliquias. Lo encontramos completamente solos, que ya dice mucho de lo poco que la gente se adentra en esta parte del complejo. Dentro hay dos grandes losas de piedra conocidas como las Mihintale Tables, inscritas con las normas que regían la vida del monasterio: las reglas para los monjes, para los sirvientes y para los peregrinos que llegaban a la montaña. Son básicamente el código de convivencia más antiguo del budismo en Sri Lanka, grabado en piedra hace más de 2.000 años. Junto al edificio está la sala de asambleas de los monjes, una estructura abierta sostenida por pilares de piedra donde los bhikkhus se reunían para debatir las reglas de disciplina del monasterio.

 

Reliquias de Mihintale.
Reliquias de Mihintale.

Mihintale Buddha Statue

Justo antes de empezar a bajar, subimos unos escalones más hasta la estatua de Buda gigante que corona la parte alta del complejo. Un Buda blanco enorme, sentado en posición de meditación, que se ve desde abajo y que desde arriba tiene como fondo todo el paisaje verde del norte de Sri Lanka. Es el último punto de la visita.

 

Estatua de Buda, Mihintale.
Estatua de Buda, Mihintale.

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Mihintale, Anuradhapura y Sigiriya: el triángulo perfecto

Mihintale, Anuradhapura y Sigiriya forman lo que se conoce como el Triángulo Cultural de Sri Lanka (la gran zona deyacimientos y restos arqueológicos), nosotros los hicimos en dos días y medio que fueron de los más intensos e interesantes del viaje. Si tenéis que elegir cómo organizar esos días, aquí os resumimos cómo lo hicimos nosotros y por qué tiene sentido.

 

Álvaro de lado en Thuparamaya.
Álvaro de lado en Thuparamaya, Anuradhapura.

 

El primer día entero lo dedicamos a Anuradhapura. Una ciudad sagrada enorme, con estupas gigantes, miles de peregrinos y una energía muy intensa. Es el gran golpe visual e histórico del Triángulo. Si Anuradhapura es la capital, la ciudad, el gran escenario donde el budismo se desarrolló durante siglos, Mihintale es el origen. El lugar tranquilo, casi íntimo, donde todo empezó con una conversación entre un monje y un rey. Los dos se complementan perfectamente y tienen mucho más sentido visitarlas juntos, que solo uno de ellos. Si podéis, haced Anuradhapura el primer día y Mihintale a la mañana siguiente antes de seguir ruta. Están a solo 12 kilómetros.

 

Aarón frente a Lions Rock, Sigiriya.
Aarón frente a Lions Rock, Sigiriya.

 

Desde Mihintale pusimos rumbo a Sigiriya, que está a poco más de una hora en coche hacia el sur. El contraste es brutal y maravilloso a la vez: de la espiritualidad budista de las montañas sagradas a la Roca del León, el palacio fortaleza del rey Kashyapa construido en lo alto de un monolito de granito de 200 metros. Pasamos de ver monjes rezando descalzos a las pinturas rupestres del siglo V y las vistas más impresionantes de toda Sri Lanka. En un mismo día habíamos pasado por el lugar donde nació el budismo en la isla y por uno de los monumentos más espectaculares del mundo antiguo. Eso es el resumen del Triángulo Cultural de Sri Lanka.

Consejos para visitar Mihintale

  • Llevad calcetines. Es el mismo consejo que en Anuradhapura y lo repetimos porque el suelo de piedra bajo el sol de Sri Lanka alcanza temperaturas que sorprenden. En Mihintale vais a pisar suelo sagrado descalzos en varios momentos y los calcetines se agradecen muchísimo.

 

  • Hombros y piernas cubiertos obligatorio en todo el recinto. Si venís de Anuradhapura ya lo sabéis de sobra, pero si es vuestra primera parada del día, llevad pareo o pantalón largo desde el principio. Es una cuestión de respeto y os lo pedirán en la entrada.

 

Moonstone Mihintale.
Moonstone Mihintale.

 

  • Id a primera hora de la mañana. Nosotros llegamos muy temprano, y el ambiente cambia muchísimo. La montaña estaba prácticamente vacía, el clima era fresco y la luz de la mañana sobre las dagobas blancas reflejaba una luz especial. A medida que avanza el día llegan más grupos y el calor aprieta más.

 

  • Calculad entre 2 y 3 horas para la visita completa. Si queréis ver todo el recinto con calma, incluyendo las estructuras de la base y el Dhatu Ghara, necesitáis tiempo. Nosotros estuvimos aproximadamente 2 horas y salimos con la sensación de que podríamos haber estado más.

 

Mihintale, Sri Lanka.
Mihintale, Sri Lanka.

 

  • Llevad agua de sobra. Los puestos de bebidas frías que encontráis en la subida son una salvación, pero no siempre están todos abiertos a primera hora. Salid con botella desde el hotel.

 

  • Y el consejo más importante: dejad el móvil en el bolsillo de vez en cuando. Hay momentos en Mihintale, especialmente en la Sela Chetiya o junto al Buda tumbado, donde merece la pena simplemente estar.

Mihintale no es una visita más del Triángulo Cultural. Es el punto de partida de todo lo que visteis en Anuradhapura, el origen de una historia de 2.300 años que sigue viva hoy en cada escalón, cada dagoba y cada monje que baja sonriendo por el camino. Encajadlo en vuestro itinerario entre Anuradhapura y Sigiriya y tendréis dos días que no olvidaréis. Os contamos cómo organizamos nosotros toda la ruta en nuestro itinerario de Sri Lanka en 15 días, y si queréis profundizar en la ciudad sagrada que lo puso todo en contexto, tenéis nuestra guía completa de qué ver en Anuradhapura.

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